Fracking: dichos y hechos de Iván Duque

Por Álvaro Lopera

Estaba en pleno apogeo la campaña electoral colombiana. Los candidatos lanzaban al aire lo mejor que pudiera sonar a los oídos de los electores para ganar adeptos, capturar ingenuos y convocar aplausos. Petro soltó lo del aguacate versus el petróleo y lo de las energías limpias. También se comprometió con el NO al fracking. Entonces Iván Duque, un desconocido que salió a la palestra política porque lo dijo Uribe, se comprometió ante el estudiantado de Bucaramanga con lo siguiente: “por nuestra biodiversidad, por el tipo de suelos que tenemos y por la sismicidad implícita, en Colombia no se hará fracking”.

Por Álvaro Lopera

Qué es el fracking

El fracking, o fracturamiento hidráulico, es una técnica de ingeniería que consiste en perforar la tierra en profundidades entre 3 y 5 kilómetros, primero verticalmente y después horizontalmente en longitudes cercanas a 3 kilómetros. Mientras se avanza en la perforación, se utiliza tubería metálica y material cementado para evitar filtraciones, y, por ende, contaminaciones a los acuíferos, sin que por ello lo eviten en todos los casos. Se utilizan taladros, agua en cantidades cercanas a 30 millones de litros por pozo y químicos altamente peligrosos para la salud, además de arena para sostener la abertura de las pequeñas perforaciones en la lutita, o manto geológico donde yace el gas, o de la roca donde se contiene el petróleo. La inyección de agua se hace con gran presión, y parte de esta, contaminada con los químicos y con materiales radiactivos producto de la tierra misma, se tiene que reinyectar en el suelo. Todo esto provoca sismos y grandes contaminaciones de aire, ríos y acuíferos, como lo mostró el documental de 2010, de Josh Fox: Gasland.

Del dicho al hecho….

En esa misma campaña electoral, durante un conversatorio que promovió la Andi –Colombia Elige 2018–, Duque sacó a relucir el mejor libreto cuando dijo verdades que las saben los pueblos y los ambientalistas, y suenan bien: “No podemos caer en la trampa de decir, si no es fracking no hay otra salida. ¿Dónde está el potencial de (hidrocarburos) convencionales para desarrollarlo íntegramente como desafío?” Y agregó: “El fracking hay que verlo no solo desde la perspectiva de lo fiscal sino también de lo ambiental, entendiendo las diferencias que tenemos con otros países, pues estos han hecho transición a no convencionales en zonas desérticas donde hay menos afectaciones de acuíferos subterráneos, donde hay menos compromisos de la biodiversidad ecosistémica y otros donde hay relativa poca población y por tanto no hay gran conflicto sobre si hay o no sismicidad”. Muchas personas se tranquilizaron con el discurso “progresista” de Duque.

Como gran conocedor de Estados Unidos, su patria chica, aseguró: “En USA muchos Estados han tenido vedas ambientales por razones del fracking así como en Europa, ustedes lo saben mejor que nadie. Demos la discusión buscando un consenso donde debe estar la industria, la ciencia, las comunidades, por lo menos para los pilotos que se deben hacer”. Ahora se ríe de estas afirmaciones.

Las pruebas pilotos

El gobierno de Duque nombró a dedo a 13 “expertos”, 11 colombianos y 2 extranjeros –en donde, de acuerdo al profesor Julio Fierro de la Unal, no había una voz disidente– quienes estuvieron deliberando desde las disciplinas geológica, sísmica, ambiental y de salud, y llegaron en el mes de febrero a unas conclusiones y recomendaciones supuestamente académicas y neutrales. En términos generales, el informe concluye que el fracking no representa una amenaza ambiental siempre y cuando se sigan ciertos protocolos que deben cumplirse con rigurosidad.

Las recomendaciones apuntan a dos fases:

1. Requisitos previos antes de comenzar las pruebas piloto, en donde se debe cumplir con la Ley de transparencia, puesto que, según afirman, las comunidades se rebelan contra los proyectos tanto por el desconocimiento técnico como por no saber qué beneficios traen los proyectos para ellas. Asimismo, hablan de satisfacer necesidades de capacitación de personal, elaborar planes de manejo en riesgos de salud y crear mecanismos de participación ciudadana.

2. Ejecución de las pruebas piloto: se debe garantizar “la participación comunitaria” e identificar mecanismos para la transferencia de utilidades a las comunidades.

Ecopetrol, según informó la prensa nacional, tiene cinco pasos establecidos para realizar esta prueba piloto en el valle del Magdalena Medio. Primero construirá una línea base ambiental, segundo, efectuará los estudios hidrológicos; luego, se levantará la línea base de sismicidad, perforará el pozo y finalmente llevará a cabo el análisis de las aguas de retorno. Entonces, ¿dónde queda la participación comunitaria?

Las pruebas piloto, como su nombre lo indica, son experimentos que se hacen en regiones y extensiones limitadas, que buscan determinar los resultados, los riesgos y las afectaciones para después extender dicha práctica por las regiones previamente determinadas como ricas en dichos yacimientos no convencionales, que son en su orden: Santander, con un 56% de la riqueza en hidrocarburos no convencionales, Cesar con 28%, Bolívar con 8% y Antioquia con el 7%.

El principio de precaución

El Consejo de Estado, el 8 de noviembre de 2018, suspendió las normas con las que el gobierno definió el reglamento técnico y las condiciones para la exploración y explotación de dichos recursos, basándose en el hasta hoy constitucional “Principio de precaución”. La Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) en marzo de este año archivó –no negó– solicitudes de licencia ambiental para proyectos pilotos en el Magdalena Medio a las transnacionales Conoco Phillips y Canacol Energy, basándose en el fallo del Consejo de Estado, porque esta información era “insuficiente para realizar una evaluación adecuada, en aspectos tales como manejo y disposición de las aguas de producción y flujos de retorno, evaluación ambiental y plan de contingencia”. Tal como sucedió con el proyecto Hidroituango, el apuro y la ligereza para solicitar licencias es total.

Ante la talanquera que representa dicho fallo, la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, aseguró que “a este se le interpuso un recurso de súplica y que el insumo de la Comisión de Expertos será útil en esa discusión pues si algo hay que resaltar es que las recomendaciones son integrales, no solo sobre la técnica sino sobre el relacionamiento social”.

El futuro definitivamente está amenazado.

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