El confederalismo democrático kurdo: un ejemplo global para el poder local

Juan D. Suárez


Foto tomada de: Jineoloji.org

El pasado 13 febrero de 2019, una delegación de mujeres del Kurdistán visitó varias zonas de Colombia con el objetivo de dar a conocer la lucha que viene ofreciendo el pueblo kurdo contra el Estado islámico, el Estado turco y todos aquellos poderes que se han confabulado para prevenir que este pueblo reclame su territorio histórico. La visita de Zilan Diyar del comité de Juneloji y de Alessia Dro del movimiento de mujeres de Kurdistán, tuvieron un cálido recibimiento por parte de los asistentes en el auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional en Bogotá. Allí las activistas y luchadoras kurdas propusieron una visión diferente sobre lo que ha venido pasando en el Kurdistán y cómo los cambios se han venido gestando desde abajo, lo cual representa una forma diferente de pensar el poder local, asunto que nos atañe ahora que en Colombia nos debatimos sobre qué hacer con las elecciones locales, a quién ofrecer nuestro apoyo por medio del voto.

El Kurdistán fue un territorio que se dio a conocer en los últimos años, pues sus habitantes están repartidos en diversos territorios y mantienen la reclamación histórica de un Estado propio que aún está en construcción. Los kurdos fueron el puntal de lucha contra el llamado Estado islámico, aquel producto residual de los incesantes despojos coloniales que sufrieron desde principios del siglo y que dio lugar a las artificiosas fronteras que hoy delimitan países como Turquía, Siria, Irak e Irán. La lucha del pueblo kurdo ha resaltado mediáticamente no solo por su valentía para enfrentar al Estado islámico, sino porque en medio de condiciones tan especialmente difíciles, han venido germinando diversos procesos de democracia radical.

En Kurdistán la configuración de diversas comunas ha evidenciado que pensar el poder de las instituciones locales puede ser ejercido de una manera diferente y que romper con las estructuras jerárquicas y la mentalidad de dominio sí es posible, aunque sea una lucha que requiere décadas y van más allá del simple período que se consagra en nuestras elecciones representativas. Las dos activistas kurdas explicaron cómo el principio de acción de la lucha kurda se centra en la consigna “unidad, tierra, cultura y autonomía”. Estos principios han sido plasmados en los tres proyectos transversales que atraviesan esta experiencia: confederalismo democrático, liberación femenina y ecología social.

Estas experiencias de democratización, según palabras de Zilan, están basadas en que “es necesario distinguir entre liderazgo y dominio. No es posible tener estructuras jerárquicas donde alguien se queda en un cargo y se hace el dueño de las voluntades. En las comunas del Kurdistán rotamos cada 6 meses, y si un líder no cumple, inmediatamente lo destituimos”. A diferencia de la lógica representativa, donde el elegido tiene como primer mandato reproducir su nueva posición, en el Kurdistán la “autoridad solo puede existir cuando está al servicio del pueblo”, complementa Alessia, la otra activista venida del Kurdistán sirio.

Una de esas fuerzas que ha venido surgiendo en el contexto kurdo, en las difíciles condiciones que han supuesto la guerra en Siria abierta desde 2011, ha sido el del municipalismo democrático, del cual las mujeres de Rojava y otras ciudades han sido un gran ejemplo. En unas condiciones abiertas de guerra entre potencias que tomaron a Siria como una excusa para dirimir sus rivalidades, ha surgido una serie de pueblos y comunas que se acogen a esta corriente. Este municipalismo se presenta como una forma de organización colectiva en diferentes zonas en las que los estados centrales han fallado al asumir sus competencias. Inclusive este municipalismo ha devenido en una nueva forma de entender las relaciones entre diferentes pueblos, pues ha dado origen a una red de ciudades que se ha llamado Fearless cities (Ciudades sin miedo), que han conectado experiencias de democracia radical en ciudades de Brasil, Siria, Irak, Francia y Chile.

Esta forma diversa de pensar lo local, que nace de un contexto tan diferente como el kurdo, debe dar pie para acercarnos a la manera que localmente se ha venido entendiendo el poder. Desde las mujeres del kurdistán, como lo afirman Zilan y Alessia, se entendió que para lograr avanzar se debían “romper las jerarquías y crear diferentes formas de hacer y pensar”. Desde las comunas del Kurdistán en Siria se ha venido viviendo de otra manera, rompiendo con el patriarcado, el Estado y el capitalismo. Aunque sea complicado trasladar ese tipo de experiencias automáticamente a un contexto como el colombiano, sí nos enseñan que la realidad de cada territorio es la que define la respuesta que se genera desde los municipios. Esto aplica sobre todo a contextos como el nuestro, donde cualquier aspiración a la autonomía local siempre es respondida con el relato de las “repúblicas independientes” que tanto ha servido para fortalecer el ejercicio autocrático de nuestra élite.

Este tipo de experiencias vale la pena recordarlas, sobre todo cuando en estamos viviendo un salto hacia las elecciones de una gran cantidad de sectores sociales y generaciones de activistas que han venido a ver en las elecciones locales una forma de incidir en el destino de sus propias localidades. Para las próximas elecciones, muchos y muchas activistas que antes se mostraban renuentes a la participación en las instituciones políticas han comenzado a impulsar plataformas electorales de todo tipo, que transformen la antigua indignación en un instrumento de cambio político-institucional. Frente a los riesgos que trae insertarse en lo “institucional”, es necesario mirar hacia otros lugares y conocer cómo estas experiencias han abordado el problema del poder, asunto que debe pensarse más allá del núcleo de activistas que rodean a cada proyecto electoral. Sobre todo, porque la llegada a las instituciones de nuevas caras puede dar lugar a reproducir aquello que se llama la ficción de la representación, y es creer que a fuerza de decretos se puede cambiar la realidad.

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