¿Por qué se incendia la Amazonía?

Elkin Paniagua

Desde la Revolución Industrial, el capitalismo se ha convertido en el mayor causante de la catástrofe ambiental que actualmente vivimos y que hoy se manifiesta, entre otros, con la deforestación acelerada de la selva amazónica y los incendios que comenzaron a afectar esta región con más agresividad a finales del mes de julio. Se suma a esta situación la desidia del presidente de Brasil Jair Bolsonaro para implementar las acciones requeridas para el control de dichos incendios.

Imagen aérea de Altamira en fuego, en el Estadod e Pará, Brasil (Foto: Victor Moriyama/Greenpeace)

La selva amazónica enfrenta una amenaza de destrucción, por eso es importante entender qué representa esta región considerada el pulmón del mundo para todos los seres vivientes que habitamos el planeta y por qué es de vital importancia su conservación.

Como bien lo señalan los científicos ambientalistas, cuando una especie desaparece también lo hace su función dentro del ecosistema, generando una alteración en el equilibrio natural. A modo de ejemplo: si desaparecieran todos los insectos (se estima que para finales del siglo el 60% habrá desaparecido), se perderían miles de toneladas de proteína, que son el sustento de muchísimas aves, por lo tanto, estas especies se enfrentarían a la extinción; o si solo desaparecieran las abejas, un tercio de nuestra alimentación se quedaría sin polinizadores, y también parte del forraje del ganado que comemos.

Función de la Amazonia en el planeta

-La Amazonia es el bosque tropical más grande del mundo; es decir, un ecosistema terrestre dominado por árboles y plantas que, al estar en el trópico, mantiene una temperatura promedio entre los 20 y 25 grados centígrados, tiene acceso a abundante luz solar durante todo el año y lluvias frecuentes en la mayoría de su territorio.

– Esta cuenca se calcula que posee 400 mil millones de árboles cuya función principal es almacenar entre 90.000 y 140.000 millones de toneladas de CO2, ayudando a regular la temperatura del planeta.

– Tiene una superficie de 7,4 millones de kilómetros cuadrados, cubre casi el 40% de América Latina y se extiende por Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana Francesa, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. 2,1 millones de kilómetros cuadrados son zonas protegidas y, además, alberga un tercio de los bosques primarios del planeta.

– Un cuarto de las especies de la tierra se encuentran en esta zona: 30.0000 mil tipos de plantas, 2.500 especies de peces, 1.500 especies de aves, 500 especies de mamíferos, 550 especies de reptiles y 2,5 millones de insectos,

– Produce el 20% del total del oxígeno disponible en la tierra.

– Su río que lleva su mismo nombre proporciona el 20% del agua dulce no congelada de la tierra y tiene una extensión de 6.900 kilómetros.

-Los bienes naturales que posee esta cuenca son el oro, cobre, tantalio, hierro, níquel, manganeso, carbón, estaño, diamantes y bauxita, todos muy codiciados por las multinacionales.

– La Amazonia alberga una población de 34 millones de habitantes, de los cuales, las dos terceras partes viven en las ciudades. Casi 3 millones son indígenas que integran unas 420 tribus diferentes, de las cuales 60 viven en total aislamiento según la OTCA. Hablan 86 lenguas y 650 dialectos.

La crisis socio ambiental que vive el planeta y hoy toca al Amazonas, es consecuencia del modelo de acumulación capitalista y la función que este le asigna hoy a los mal llamados países subdesarrollados; estos han quedado subordinados al extractivismo y despojo de sus recursos, lo que implica arrasar con los bosques para implementar monocultivos o proyectos de explotación minera.

Recordemos que Bolsonaro llega a la presidencia de Brasil a comienzos de 2019 con una coalición de partidos de ultraderecha, en especial el partido político conservador que agrupa las corrientes evangélicas, grandes empresarios, extractivistas y la bancada ruralista de la unión democrática. Estos últimos han expresado “que un tratado internacional no puede vulnerar la soberanía ni establecer límites de deforestación así sea en el Amazonas”.

En el mismo día de su posesión, Bolsonaro firmó un decreto en el que transfería la demarcación de las tierras indígenas al ministerio de agricultura, por considerarlas un obstáculo para el “progreso y Desarrollo de la región”. Dentro de sus políticas de arrasamiento de la Amazonía se destacan: El fin de las sanciones ambientales; el recorte de áreas protegidas; la flexibilización de las acciones contra la tala ilegal de bosques, la agricultura y la minería.

Además, recortó en un 25% el presupuesto al instituto brasileño para el medio ambiente (IBAMA) y lo calificó de obstáculo para el desarrollo. Les declaró la guerra a las ONG ambientalistas, acusándolas de ser las causantes de los incendios. En general, viene desregulando y desmantelando las políticas ambientalistas que se habían implementado en los dos últimos gobiernos.

En fin, Bolsonaro representa los intereses de los grandes terratenientes, empresarios, extractivistas tanto nacionales como extranjeros. La estructura exportadora de este país está sustentada en 4 grupos que sostuvieron las 3/4 partes de las exportaciones agroindustriales, oleaginosas, productos forestales y carne, un rubro en el cual Brasil ha llegado a ser el primer productor en el mundo.

En la primera década del 2.000 las exportaciones de los nueve Estados que conforman la amazonia pasaron de 5.000 mil millones de dólares a 26.000 mil millones de dólares; en esta misma década la Amazonia se convirtió en la región más exportadora de minerales del país, aunque sigue siendo la ganadería la actividad que más deforestación provoca en la región (el 70% de las tierras deforestadas son para el pastoreo).

Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales del Brasil (INPE, por su sigla en portugués) que es el encargado de monitorear por satélite la deforestación, el 20% de la selva ha desaparecido en el último siglo; la tasa de deforestación medida en julio de este año fue 4 veces mayor que el año anterior; 2.254 kilómetros cuadrados fueron talados en julio, un aumento de 278% respecto al año anterior; entre enero y agosto de este año se registraron 73.000 incendios forestales, la mayoría de estos en la Amazonia. Solamente entre el 10 y el 11 de agosto del año en curso hubo un aumento en los incendios del 300% cuando el agronegocio de esta región declaró el día del fuego.

De continuar esta dinámica, por supuesto, la Amazonía tendría sus días contados, y con ello también muchas especies vivas, especialmente los humanos.

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