Apuestas por el cuidado de la tierra-vida en El Carmen de Viboral

Foto: Nodo Movete El Carmen del Viboral

Por Nodo Movete El Carmen de Viboral

Y un día despertamos y nos dimos cuenta que esas viejas verdades que se decían obsoletas no lo eran tanto. Redescubrimos que el capital por sí solo no produce riqueza, sino que es el trabajo de las obreras y los obreros lo que genera valor; que para la sociedad es más funcional cuando las universidades y la investigación se ponen al servicio de la medicina y no del mercado; y que la ciudad necesita más del campo que del fútbol o de centros comerciales. Basándonos en esta última premisa indagamos a diferentes procesos alternativos de El Carmen de Viboral sobre la importancia que le dan a la labor de la tierra y de propuestas que permitan cambiar las lógicas imperantes en la producción, distribución y consumo de alimentos.

El Carmen de Viboral es un municipio que, como casi todos los del Oriente antioqueño cercano, ha sufrido en los últimos años un proceso de gentrificación evidente en el hecho de que el 99,5% de su territorio es rural y, sin embargo, la población urbana representa casi el 64,6% de los habitantes. Además, el uso del suelo también se ha transformado, ya que la producción de alimentos ha sido reemplazada por floricultivos que utilizan gran cantidad de agrotóxicos que contaminan la tierra; además, con sus formas de relación laboral cambian el modo en que las personas que trabajan la tierra se relacionan con ella.

Ante este panorama, también han surgido diferentes procesos que cuestionan estas formas de relacionamiento, buscando alternativas que se alejen de las lógicas de consumo y extractivismo y construyan relaciones más armónicas con nuestro territorio. Son múltiples los procesos que en este municipio han hecho esta apuesta, conversamos con tres de ellos: Escuela Agroecológica La Aurora, que lleva seis años con su propuesta, Finca de agricultura biodinámica La Buenaventura, con casi dos décadas de existencia, y el colectivo estudiantil Wayra, que se reactivó desde hace cuatro años.

Estas tres experiencias comparten su amor por la tierra, donde la autonomía y la soberanía alimentarias están articuladas con una ética y una política del cuidado. Además, entienden que no solo las comunidades campesinas están llamadas a cambiar la forma de relacionarnos con ella, sino toda la humanidad en general. Como lo expresa Israel Osorio (La Buenaventura): “Yo creo que es importante la labor de la tierra, porque si lo hacemos de manera consciente y responsable nos llevaría al cuidado de ella y ella nos compensaría con toda la abundancia y los beneficios. Y ese es como el propósito divino con la tierra: cuidarla”.

Así mismo, Lizeth Ramírez (La Aurora) dice: “Para nosotros es muy grato ver cómo la tierra nos da el sustento necesario aun en tiempos que exigen tanta austeridad, respondiendo a los cuidados que le hemos procurado. […] Mientras en el mundo abunda la preocupación, la desesperanza, en las fincas agroecológicas tenemos esos incentivos para seguir trabajando por la tierra. También nos ha mostrado que cada labor que se realiza en la casa tiene un propósito y es el bienestar de la familia y el círculo cercano, cambiando la concepción de la ruralidad, no solo asumiendo el campo desde una visión extractiva sino como ese escenario donde se tejen o se fortalecen o se curan las relaciones que tenemos con nosotros mismos, la familia, el entorno y los seres vivos”.

Sofía y Sebastián (Wayra) coinciden en señalar la importancia que tiene la labor de la tierra para nuestras vidas y la relación que se crea entre quien la cultiva y su entorno, más allá de la producción a gran escala y de modelos extractivistas: “podemos obtener un mayor beneficio en la parte agroecológica […] generando desde pequeños terrenos un mejor ambiente y preservación del planeta”, afirma Sebastián.

Esa ética y política del cuidado se construye a partir de propuestas pedagógicas que se inspiran en las prácticas agroecológicas, que a partir de iniciativas cotidianas van configurando territorios de vida tanto en las zonas rurales como urbanas. Una propuesta fundamental es, como dice Israel, “que todos, sin distingo de ser campesinos o no, deberíamos asumir la producción de alimentos. Si nosotros lo hacemos de manera diversificada y nos unimos, todos tendríamos muchos excedentes que se podrían intercambiar. Como ya se ha venido proponiendo desde hace rato, pienso que una de las cosas importantes que deberían hacerse desde las escuelas en las mismas áreas de ciencias naturales es que se motive a los estudiantes a cuidar las plantas, a cuidar el jardín escolar; y a nivel de los municipios y los administradores tendrían que pensar seriamente en lotes urbanos que se asignen como áreas verdes para que muchas personas de las zonas urbanas puedan procurar el alimento de manera comunitaria y comprometida”.

La importancia de estas propuestas pedagógicas también se evidencia en lo que plantea Sofía al decir que “cuando se trata de trabajar nuestras raíces necesitamos algo que nos brinde conocimiento, nos forme en el ser y nos recuerde lo importante que es trabajar en pro de la tierra-vida”. Además, agrega Sebastián, es importante “apoyar a los pequeños negocios y a los sectores campesinos y no a las grandes cadenas”.

La crisis generada por el Covid 19 ha evidenciado diferentes problemáticas como son la crisis en el sector salud y la dificultad de la subsistencia de los hogares que viven del rebusque. Sin embargo, también ha visibilizado que muchas de esas prácticas de consumo y de relacionamiento con el medio, que nos querían hacer ver como inherentes a la sociedad, se pueden disminuir de forma drástica resaltando la pertinencia de otras lógicas. En este sentido, los testimonios de estos tres procesos muestran que las alternativas agroecológicas son una alternativa ética y humana para generar formas de relacionarnos con nuestros territorios. Y como nos dice Lizeth:

Toda crisis es una trasformación y el virus (Covid-19) ha hecho evidente la necesidad de plantear una mirada diferente al campo, las formas de alimentarnos y la salud. Esta época de confinamiento resalta la importancia que tienen los productores de alimentos del mundo y la necesidad de establecer condiciones más dignas para este sector tan vital. En el ámbito local se ha visto cómo las comunidades campesinas y asociaciones agroecológicas han creado una red para garantizar el abastecimiento de muchas familias en la región y este ejercicio supone su consolidación como un gremio que tiene voz y voto en la gestión del territorio y que plantea la relevancia del quehacer agroecológico y la tradición agrícola que ha tenido el oriente antioqueño”.

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