¿Qué es la infodemia?

Por Roger Árias

Imagen recuparada de marincarolina.com

El caos informativo es una de las características de la pandemia que enfrenta hoy la humanidad. De manera paralela a la propagación del virus, la información que se transmite por las diferentes plataformas como facebook, twitter o whatsapp, puede pasar de persona a persona y estancarse o crecer exponencialmente y cubrir capas amplias de población en poco tiempo. Se argüirá que esa es la forma habitual de circulación de la información en las redes sociales respecto a hechos que las mismas consideren importantes. Sin embargo, frente a una situación de las proporciones del Covid-19, la calidad y veracidad de la información pueden influir no solo en la forma en que se propaga, sino, en la aparición de enfermedades de tipo emocional e incluso, de otro tipo de patologías producto de las “recomendaciones” que sugieren los mensajes. Podemos decir entonces que la información que circula en redes es tóxica cuando su afectación es individual, o una “epidemia” informativa cuando su afectación es colectiva: es a esto a lo que se refiere la Organización Mundial de la Salud cuando habla de infodemia.

La OMS cuenta con un equipo que rastrea y gestiona el riesgo de infodemia para proporcionar información veraz a grupos amplios de población. Algunas de las informaciones rastreadas y desmentidas son las siguientes:

DEMOSTRADO: Actualmente no existe ningún medicamento autorizado para tratar o prevenir la COVID-19. DEMOSTRADO: Añadir pimiento picante a la sopa u otras comidas NO previene ni cura la COVID-19. Las moscas domésticas NO transmiten la COVID-19. DEMOSTRADO: Pulverizar lejía u otros desinfectantes sobre el cuerpo o introducirlos en el organismo no protege de la COVID-19 y puede ser peligroso. Beber metanol, etanol o lejía NO previene ni cura la COVID-19 y puede ser extremadamente peligroso. Las redes 5G de telefonía móvil NO propagan la COVID-19.

Ahora bien, aunque estas informaciones han sido desmentidas y parezcan ridículas a primera vista, el hecho es que han sido consideradas como verdaderas por personas de diferentes estratos socioculturales. Tal vez una mezcla de sonido e imagen reforzadas con fuentes “expertas” o pronunciadas por influenciadores recrean un ambiente de fiabilidad para diseminar información falsa con datos parcialmente verdaderos.

Pero, ¿qué sucede cuando la institución encargada de establecer información veraz sobre la pandemia cae en manos de los provocadores de infodemia? No es nuevo que la OMS sea desacreditada por organizaciones que simpatizan con las ideas de la Nueva Era: campañas en contra de la vacunación, inoculación de micro chips, dominio de las élites extraterrestres, etc. Lo que sí es nuevo, es que la OMS se convirtiera en el blanco directo de ataques por parte de Donald Trump al ser desmentido por esta organización sobre su sindicación de que el virus es un ataque biológico originado en China y que, por el contrario, se trata de un virus de origen animal.

Es claro que la pretensión de Trump es levantar una de tantas cortinas de humo para tapar el mal manejo que ha dado a la pandemia que hoy tiene, no solo a su mandato sumergido en una profunda crisis, sino también en entredicho la credibilidad de los EE.UU frente al resto del mundo. La represalia de Trump en contra de la OMS no se hizo esperar y consistió en retirar los fondos que le aporta a esa organización y liberar contra ella una campaña de desprestigio que se hace tangible en las redes sociales a través de aquellos simpatizantes más conservadores y recalcitrantes.

El origen de la infodemia no es tan espontáneo; se hace alusión a la OMS respecto al tema porque ha sido ella una de las primeras instituciones en insistir sobre su peligrosidad; sin embargo, vemos cómo algunos Estados – entre ellos Colombia- asignan recursos públicos -como los destinados al proceso de paz- con el fin adelantar diversas campañas para posicionar la imagen del presidente Duque y, sobre todo, con el objeto de legitimar medidas que agravan el contagio o desacreditar otras acciones que la podrían paliar. La infodemia es la circulación de información tóxica, como ya dijimos, pero también la distorsión de información u ocultamiento de aquella que se considere útil para frenar la pandemia. Desde hace meses los expertos han proyectado que el foco de la pandemia se trasladará a América Latina, pero los gobiernos regionales han guardado silencio al respecto.

La directora de la Organización Panamericana de la Salud presentó hace solo unos días, sin ambivalencias, datos que revelan la dimensión de la crisis: “Al 18 de mayo, se han notificado en la Región de las Américas más de 2 millones de casos de COVID-19 y más de 121.000 muertes a causa de esta enfermedad. Esto representa un alarmante aumento de 14% en el número de casos y muertes en tan solo una semana. Ahora que la curva de la pandemia está empezando a aplanarse o a descender en otras partes del mundo, los casos están en aumento en toda nuestra Región. Nos preocupan cada vez más los pobres y otros grupos vulnerables que corren el mayor riesgo de enfermar o morir a causa del virus. El reciente repunte en el número de casos y muertes se debe en parte a que el virus está ganando terreno en estos grupos”.

A lo que nos enfrentamos muy veladamente en la pandemia es al posicionamiento de “verdades” sobre las decisiones políticas en las redes sociales utilizando para ello el marketing digital: los esfuerzos institucionales no están orientados a la solución de problemas sociales ni de la emergencia, sino a la manipulación de la percepción ciudadana frente a las acciones que favorecen a los grupos de poder bancario, industrial, comercial y agrario. La infodemia ha pasado de ser un fenómeno de las redes sociales, implementado por sujetos con los más obscuros y diversos intereses, a ser un recurso de algunos gobernantes y sus simpatizantes como estrategia para diluir sus crisis de favorabilidad, aunque con ello se genere mayor crisis social. La infodemia se genera y reproduce con facilidad, la información veraz, por el contrario, permanece “oculta” en las páginas grises e insonoras de la OMS y de OPS.

Imagen tomada de rcinet.ca

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