Un valle del Software sin campesinos

Ilustración: b-sidemg.com/

Por Mariana Echavarría Balbin

La ruralidad campesina es percibida bajo un falso lente romántico en el que se le advierte como una pintura donde se plasman sus verdes montañas, viento frío, páramos posibilitadores de una experiencia amable al turista citadino que llega a contemplar la belleza, incluso en la figura del campesino con su azadón en mano: pareciera que este campesino tuviera una comunicación intrínseca con un lenguaje de paz y naturaleza. Sin embargo, esta imagen es solo apariencia, el campo representa trabajo y, sobretodo, lucha constante. Por eso la necesidad de los campesinos de ser reconocidos no solo como personas en conexión con la naturaleza, sino también como entes sociales y políticos.

El domingo 31 de mayo se concretó para Medellín el nuevo Plan de Desarrollo Municipal -PDM- (2020-2023), que tiene como una de sus cinco líneas, hacer de Medellín un valle del software. No obstante, en esta planeación presupuestal no aparece de manera clara y concreta la participación que tendrán las montañas y los campesinos, arrollados hoy por una serie de problemáticas históricas; la Medellín del futuro pareciera tenerlas en cuenta, pero solo de manera protocolaria. Es triste pensar un municipio como el centro de la cuarta revolución industrial cuando abandona un 70% de su territorio, conformado por cinco corregimientos y 54 veredas habitadas por más de 30.000 jóvenes, campesinos y campesinas, que han sido receptores de la inequidad social y padecen la brecha entre lo urbano y lo rural que fomenta la misma Administración.

El olvido de la ciudad al campo no es algo nuevo: el campesino ha sido un murmullo que todos intuyen pero que no reconocen, no se le ha considerado como un sujeto autónomo con voz. Ello se evidencia en la mal llamada “fiesta del campesino”, que los “reconoce” a través de la entrega de cajas de pollo Frisby, como si con ello garantizaran su formación y su permanencia en el campo o, peor aún, incitaran a los jóvenes a creer que el oficio de sus padres puede ser un trabajo rentable y con oportunidad.

Por este motivo, a raíz de una serie de asambleas campesinas, se ha identificado ya, hace varios años, la necesidad de un Distrito Rural Campesino -DRC- que acoja estas voces y sus necesidades particulares en la planeación institucional, respondiendo a la urgencia de pensar el campo desde sus dinámicas y su articulación con la ciudad. La cuestión es cómo hacer para que lo reglamentado no se quede solo en la generalidad del papel, porque siempre se ha hablado de cultura, innovación, mejora en transporte, pero todo ello se pierde en la particularidad de los territorios que no tienen ni recursos ni se hallan articulados directamente a esos planes de desarrollo.

Así evidenciamos que desde la generalidad se acrecientan los problemas particulares, como es el caso del estatuto tributario actual que tiene como marco de referencia lo urbano y de esa misma forma se ejecuta en la ruralidad, hecho que genera un gran problema económico; como mecanismo de “solución” se ha eximido a los campesinos de impuestos sobre la propiedad, ignorando el hecho de que solo el 20% de ellos tiene su tierra titulada y el resto la tiene de manera informal.

Además, alcaldías anteriores se han llenado la boca hablando de “Medellín la más educada”, pero hay veredas que cuentan como máximo con una básica primaria, a lo que se suma el precario transporte público que solo hasta el casco urbano de los corregimientos puede costar 30.000 pesos diarios. Encontramos así un gran número de jóvenes campesinos que por cuestiones económicas no pueden acceder a la educación superior. A ello se añaden formas de comercio injustas donde la ganancia mayor queda en manos de los intermediarios, o la violencia de género que también aqueja a esta población. Todo ello conforma un paisaje de inequidad y pobreza diferente a la que generalmente asociamos con la mendicidad y hambruna.

Este panorama condujo a los campesinos de los corregimientos de Medellín en el año 2014 a unirse exigiendo la conformación del DRC en el Plan de Ordenamiento Territorial. Hecho que fue tomado en cuenta y que constituyó un logro para la comunidad, puesto que no se había pensado la organización del territorio a la luz de la ruralidad, sino a lo sumo como espacios de posible expansión urbana. Este distrito tiene como objetivo mejorar las condiciones de los campesinos, asegurar su permanencia con una economía justa, y hacerlos sujetos de derechos.

Una de sus propuestas es la creación de una Secretaría de Corregimientos, debido a que en administraciones anteriores se evidenció que la propuesta del Distrito quedaba disuelta en diferentes Secretarías, quienes poco o nada hacían para articularse y resolver los problemas de la ruralidad campesina en conjunto. No obstante, este punto no fue aprobado.

Es decepcionante y a la vez esperado que el Concejo no haya aprobado esta propuesta que, si bien se puede prestar para la creación de más puestos burocráticos, también a través de la veeduría ciudadana hubiese constituido un gran avance para la ruralidad campesina. Manuela González, joven rural del corregimiento de San Cristóbal, nos da su percepción al respecto: “Es necesaria una Secretaría de Corregimientos porque, tristemente, la realidad es que, si no se nombra, no existimos más que en campaña electoral. El Estado no llegará a nosotros porque no somos población extensa y, por tanto, no hay demanda. Tristemente, el Estado funciona como la economía”.

El PDM no ha sido claro con el DRC, no especifica cómo se llevarán los planes de acción de los puntos aprobados como el aseguramiento de la soberanía alimentaria, incrementos de los mercados campesinos (que no solo necesitan aumentar en número sino también mejorarlos, brindarles más espacios tanto físicos como virtuales y fomentar la compra en ellos a través de mercadeo) o cómo hacer llegar la cultura y educación a zonas veredales si no se piensa en formas de transporte sostenibles y asequibles.

¿Cómo piensa el alcalde la “Ecociudad” y cómo serán partícipes en ella la ruralidad y el campesinado? Es necesario pensar una ciudad autosuficiente que fortalezca la producción y compra local y que además dignifique el trabajo, la cultura y el territorio rural, como una parte que necesita articularse con la ciudad. No podemos permitir que en el campo se siga botando la comida por no haber consumidores, cuando en la ciudad hay gente con hambre, como se ha evidenciado en esta pandemia.

Como ciudadanos esperamos que, al menos para los puntos aprobados, la Alcaldía destine presupuesto, puesto que, de no ser así, solo servirían de adorno en un papel. No debemos perder el impulso con el DRC, hay que seguir insistiendo en el pliego de peticiones en su totalidad a través de otros mecanismos de presión.

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