CEMEX y los muros de vergüenza en Palestina

Por Roboán Rodríguez Carrera

Cemex está contribuyendo a la construcción de un muro de Apartheid en Palestina. Foto tomada de palestinalibre.org

Palestina, la heroica tierra de innumerables batallas y el hogar de los sublimes anhelos…

Los siglos que deambulan por las callejuelas de la historia no pueden más que enarbolar la belleza de tu presencia que se resiste a sucumbir. Tu majestuosidad irrumpe siempre airosa frente al voraz deseo humano de poseer sin medida.

El conflicto israelí-palestino permanece inconcluso, tal y como ha estado desde su origen a inicios del siglo XX. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, como reacción ante las atrocidades nazis en el holocausto judío, el proyecto colonialista denominado sionismo emprendió su irrevocable misión: fundar el Estado de Israel.

Sobre este tema existe todavía un preocupante desconocimiento, por lo que es razonable aportar un poco de luz en lo que respecta a las características que posee el sistema ideológico-político que llamamos sionismo y, por otro lado, a la enigmática religión judía.

Un gran error en el análisis de este conflicto surge cuando damos por hecho que ambos conceptos – sionismos y judaísmo- pueden ser utilizados indistintamente como sinónimos que representan un mismo ente. Esto es inadmisible, toda vez que el primero de ellos es una doctrina política de esencia nacionalista-racista, y el segundo es una doctrina religiosa, y como tal ostenta un cuerpo de preceptos morales en relación con una deidad superior, lo que deriva en un sentido de trascendencia espiritual para sus adeptos.

En este orden de ideas, podemos afirmar que sionismo y judaísmo no son manifestaciones lingüísticas que pretendan dar significado al mismo concepto; por lo cual, como es ampliamente conocido, no todos los fieles judíos son adeptos a la doctrina colonialista-racista del sionismo. De igual forma, no todos los que promueven y defienden el sionismo son, necesariamente, creyentes de la religión judía.

Esta diferenciación es de suma importancia para no estancarnos en un debate de índole religioso, del que difícilmente se puede extraer una solución a un conflicto de naturaleza política, como lo es la invasión del Estado de Israel a los territorios libres de Palestina, los cuales fueron claramente delimitados en la resolución 181 de las Naciones Unidades de 1947.

El movimiento sionista promueve una doctrina de pensamiento político sustentado en el ideal de la construcción de un Estado para la “raza” judía, lo que representaría la “Nación del pueblo elegido por Dios para dominar al resto de las naciones”.

Esta doctrina nacionalista de conquista racial fue ampliamente expuesta por primera vez en 1896 por el intelectual judío Theodor Herzl, en su libro “El Estado judío”. Posteriormente, los adeptos a esta corriente ideológica formularon diversos planes para determinar el lugar adecuado donde habría de fundarse el “Estado judío”.

Inicialmente, en 1903 se propuso el Plan Uganda, en el cual se pretendía obtener un territorio de 13,000 km² de la meseta Mau del actual país de Kenia, África. En aquellos años, dicho territorio africano se encontraba bajo el dominio colonial de Inglaterra, con quien se llevaban a cabo las gestiones necesarias para ejecutar este plan.

Curiosamente, en el libro ya mencionado se hace también referencia a la posibilidad de tomar tierras de Argentina para dicho propósito. Las siguientes líneas darían apertura a la hipótesis de un plan sionista denominado “Plan Andina”: “La Argentina es, por naturaleza, uno de los países más ricos de la tierra, de superficie inmensa, población escasa y clima moderado. La República Argentina tendría el mayor interés en cedernos una parte de su territorio. La actual infiltración de los judíos los ha disgustado, naturalmente; habría que explicar a la Argentina la diferencia radical de la nueva emigración judía. Palestina es nuestra inolvidable patria histórica. Su solo nombre sería, para nuestro pueblo, un llamado poderosamente conmovedor” (Del libro “El Estado Judío” de Theodor Herzl, publicado por la Organización Sionista Argentina).

Este viaje cronológico nos proporciona los acontecimientos históricos que nos ayudan a comprender el origen del conflicto entre los adeptos del sionismo y el pueblo palestino. Los primeros apoyados sobre una poderosa estructura política llamada “Estado de Israel”, y los segundos absurdamente privados del reconocimiento internacional como Estado–Nación.

La verdad oculta detrás de esta negatividad internacional se encuentra en los vastos esfuerzos de la propaganda sionista. Día a día, estos esfuerzos se realizan con la discreción y la diplomacia que han caracterizado al gobierno israelí. Uno de estos esfuerzos es la disfrazada cooperación internacional que se lleva a cabo por medio del aparato institucional sionista, es decir, el Estado de Israel.

El sector privado no se encuentra exento del interés sionista. La compra-venta y contratación de productos y servicios por parte del gobierno israelí es una estrategia evidente para ganar la simpatía y la aprobación del sector privado internacional.

México se encuentra ahora en esta disyuntiva. La empresa mexicana CEMEX S.B.A. de C.V. ha estado desarrollando negocios altamente lucrativos con el gobierno de Israel, en lo que concierne a proyectos de construcción en los territorios palestinos brutalmente ocupados. La ilegalidad de la ocupación israelí sobre los legítimos territorios palestinos hace que los negocios entre la empresa mexicana CEMEX y el gobierno israelí sean totalmente contrarios y violatorios de las resoluciones de Naciones Unidas.

Por esta razón, la empresa CEMEX debería considerar seriamente suspender dichos negocios, puesto que su propio lucro no puede cimentarse sobre una inaceptable violación de los derechos humanos de millones de palestinos.

La indignación y el coraje de la sociedad mexicana no se han hecho esperar, y en un gesto de firme solidaridad con el pueblo palestino, más de 120 organizaciones de la sociedad civil se han unido a la campaña “#STOPCEMEX”. Esta campaña, emprendida por el movimiento internacional pro-palestino BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), ha sido acogida con especial fuerza por el movimiento universitario mexicano, quien, a través del Comité Universitario de Solidaridad con el Pueblo de Palestina (CUSPPA), se dio a la loable tarea de fortalecer el contenido esencial de la campaña: “Los derechos humanos del pueblo palestino deben siempre prevalecer por encima de los intereses económicos de la empresa mexicana CEMEX”.

Como parte fundamental de esta campaña, el pasado 25 de marzo de 2021 las organizaciones adherentes presentaron ante la Asamblea Anual de Accionistas de la referida empresa mexicana, una carta con las firmas de cada organización, en la cual se plasma el rotundo rechazo a los negocios que la empresa CEMEX realiza con el gobierno del Estado de Israel.

La razón nos instruye a concluir que el holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial jamás justificará un mismo holocausto contra el pueblo palestino. Por ello, invito a tomar acción del lado de la solidaridad con el pueblo palestino, sosteniendo su justo derecho a la paz y a la autodeterminación.

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