Bajo el cielo roto

El paro nacional en el municipio de Caldas, Antioquia.

Por Daniel Restrepo

Fotos: Félix Mar Ángel

El pasado 28 de abril de 2021, Colombia retomó las jornadas de movilización que se venían desarrollando desde 2019-2020, y que se habían suspendido por la crisis sanitaria mundial causada por el COVID-19. En ese entonces las manifestaciones se venían dando por múltiples factores de descontento social con las políticas y gestión del presidente Iván Duque Márquez, el asesinato de líderes sociales y el uso desmedido de la Fuerza Pública en el marco de las protestas sociales.

El 28A, como fue denominado el primer día del paro nacional, se realizaron multitudinarias marchas llenas de colorido, arte, cultura y, ante todo, mucha dignidad. Pero después de transcurrida la marcha, en horas de la noche, el panorama cambiaba drásticamente, el choque entre manifestantes y Fuerza Pública rompió el escenario que se vivía horas antes, para convertirlo en caos. Lo que siguió fueron días y, sobre todo, noches de terror que nos hicieron recordar que “no ha cesado la horrible noche”. El actuar desmedido del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) y otros grupos de policías vuelven a poner en tela de juicio el accionar de esta institución y evidencian su clara violación de los derechos humanos, con disparos directos a la humanidad de los manifestantes, detenciones ilegales, desapariciones y hasta abusos sexuales cometidos por miembros de la Policía Nacional.

El 29 de abril las manifestaciones comenzaron a descentralizarse de las grandes ciudades y empezó a vivirse el paro nacional en diferentes municipios, barrios y localidades. Y Caldas, Antioquia, no fue la excepción. Este municipio está ubicado en el sur del Valle del Aburrá y hace parte de los 10 municipios del Área Metropolitana, a 22 Km de la capital Medellín; cuenta con una población aproximada de 83.215 habitantes y por sus condiciones climáticas lluviosas es conocido como ‘Cielo Roto’.

Caldas cuenta con una posición geográfica importante ya que está al lado del corredor vial que conecta con el sur del país, con Cali y uno de los puertos más importantes, el de Buenaventura. El día 29 de abril, jóvenes manifestantes del municipio marcharon por las calles de Cielo Roto y terminaron la manifestación en el ya mencionado corredor vial, Variante a Caldas. Tras el bloqueo y el uso de llantas quemadas intervino la Policía Nacional. Los manifestantes denunciaron que en momentos de tensión y enfrentamientos, miembros de esta empezaron a disparar sus armas de fuego y nuevamente volvió a ser protagonista el uso desmedido de la fuerza; nada distinto sucedió al día siguiente.

Luego de estos acontecimientos, un grupo de ciudadanos acudió a la Alcaldía Municipal con gran preocupación por lo ocurrido y reclamó el acompañamiento de la Personería y de grupos de derechos humanos para mediar y evitar este accionar desmedido de la Fuerza Pública. Se propuso inicialmente conformar la mesa de derechos humanos a la cual solo en los últimos días se le ha dado trámite.

Aunque diferentes colectivos han hecho otras intervenciones y movilizaciones desde el arte, la cultura, con jornadas de información, los enfrentamientos comenzaron a hacerse más frecuentes. El día 17 de mayo, en horas de la tarde, manifestantes comenzaron a tomarse la Variante a Caldas, bloqueando el paso vehicular. Este día, como no es raro en el municipio, calló una fuerte lluvia que derribó un árbol y el árbol derribó un poste de luz. En diferentes sectores empezó a fallar el fluido eléctrico, en otros el internet, y cerca de las 4:00 pm se interrumpió el servicio de energía, internet y la señal celular de todas las compañías prestadoras del servicio en todo el municipio. En el silencio se hicieron escuchar las primeras detonaciones de las bombas aturdidoras en el sector del bloqueo.

Fueron 4 horas de corte de estos servicios, sumado al panorama de fuertes detonaciones que angustiaban a muchos pobladores y ocasionaron un fuerte olor a gas lacrimógeno en los barrios aledaños. Cuando restauraron los servicios, a eso de las 8:00 pm, las redes sociales colapsaron ante la cantidad de videos y denuncias de las personas que se encontraban en las calles y en sus casas. Como ya se volvió mala costumbre, la Policía volvía a hacer acciones que afectaban la integridad de las personas y de los bienes de los propietarios de casas y negocios aledaños al lugar de los enfrentamientos; múltiples denuncias registradas en video evidenciaban capturas ilegales, golpizas a menores de edad e incluso a un patrullero disparando su arma de fuego contra un edificio.

Pero la Administración Municipal le restó importancia a lo ocurrido, guardó silencio y nuevamente los medios tradicionales hicieron lo suyo, caldeando aún más los ánimos y aumentando la indignación y descontento de muchos habitantes del municipio.

Los choques entre Fuerza Pública y manifestantes se hicieron más frecuentes. La llamada primera línea encabezaba la protesta y las noches de Cielo Roto se llenaban de temor y preocupación por la integridad, la vida de estos jóvenes que con su forma de lucha se unen a los reclamos por sus derechos y mejores oportunidades.

Las intenciones de abrir espacios para el diálogo se fueron consolidando con la creación de la Asamblea Popular del municipio de Caldas. Inicialmente se pidió un espacio amplio para el diálogo, donde no hubiera oportunismo político, lo cual no se cumplió por parte de la Administración, pero eso no impidió que se conformara el espacio asambleario.

Entre un poco de miedo y desconfianza se inició el proceso con diferentes actores del territorio: iglesia, colectivos, barras de fútbol, algunos concejales, veedurías de derechos humanos y Personería. Mientras transcurría la jornada en torno a la palabra, unos movimientos extraños por parte de una camioneta del Ejército Nacional alertaron a algunos participantes de la Asamblea.

El espacio brindado por la Alcaldía fue el de la cancha auxiliar del estadio municipal. La camioneta ingresó al parqueadero y entró al estadio, justo en la parte de atrás donde estábamos; había miembros de esa institución con corazas antimotines, lo cual de inmediato causó indignación y el retiro de muchos participantes, ya que se vieron rodeados y amenazados. Aunque funcionarios de derechos humanos, la Alcaldía y la iglesia mediaron para que se retiraran estos agentes del Ejército, se destruyó la confianza, la intención de inclusión y diálogo abierto de algunas de las partes, representaciones y voces de colectivos allí reunidos.

Si algo ha quedado claro en el país ha sido la incapacidad y la falta de interés de los gobernantes para dialogar con los ciudadanos; los dirigentes políticos parecen no tener ninguna intención en desescalar la violencia, clamar por el respeto a la vida y las diferencias; están más empeñados en buscar culpables que soluciones y esto hace más complicada la coyuntura, no solo por el uso desmedido de la fuerza sino por la implementación de discursos de odio que incitan, a otros ciudadanos que no están de acuerdo con el paro nacional, a que tomen medidas para defender los bienes públicos y privados. Ya vemos las nefastas consecuencias que se están presentando: civiles armados al lado de policías y militares disparando indiscriminadamente, sin investigación ni castigo.

En el municipio de Caldas, Antioquia, no solo nos queda el cielo roto sino también el alma por lo que padecen las madres y familiares de 5 desaparecidos y de manifestantes de primera línea identificados, amenazados y desterrados.

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