A la iglesia no solo le interesan las almas

Por Betty Ciro

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Queda demostrado con el proceder de la Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Niquía, en Bello, que a la Iglesia no solo le interesa la salvación de las almas sino también el provecho económico que pueda obtener por los privilegios que ha recibido gracias al poder detentado en un país como Colombia durante varios siglos.

Es tal el privilegio con que ha contado la Iglesia, que logró, no se puede asegurar si de mala fe o no, que la Oficina de Instrumentos Públicos Medellín Norte, registrara la escritura 2207 de 31 de octubre de 1960 del Circuito de Bello, como una donación cuando en realidad era una cesión, y no a secas, sino, condicionada.

A quién no le ha ocurrido que al solicitar el registro de una propiedad se la regresen con una “Nota Devolutiva” por cualquier error, no de fondo sino de forma, como, por ejemplo, en vez de digitar 25, digitara 26 o errores similares, sin embargo, a la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá le registraron la precitada escritura como “donación”, aunque en la escritura rezara como modo de adquisición del inmueble a registrar, cesión.

¿Hay diferencia entre cesión y donación?

La Enciclopedia Jurídica define la donación como “Negocio jurídico en virtud del cual una persona (donante) dispone de una cosa de su patrimonio a favor de otra (donatario) a título gratuito”. Y la cesión la define así: La renuncia o transmisión, gratuita u onerosa, que se hace de una cosa, crédito, acción o derecho a favor de otra persona. El que cede se denomina cedente, y quien adquiere por este título, cesionario.

Queda claro que donación y cesión no significan lo mismo. En la donación se transmite el derecho de dominio, es decir, se transfiere el título de propiedad, mientras que en la donación se transfiere un derecho, no un título, por ejemplo, se puede ceder un contrato de arrendamiento.

Esta es la distinción que no tuvo en cuenta la oficina de Registro de Instrumentos Públicos al cambiar una cesión por donación a favor de la Parroquia de Nuestra señora de Chiquinquirá.

Cómo se benefició la parroquia con este cambiazo

Al quedar registrados los terrenos cedidos por la Constructora Ciudad Niquía S.A. como donación, le quedaron las manos libres a la parroquia para adueñarse de los 3.500 metros que quedaron después de la construcción de la iglesia, la casa cural y el despacho parroquial. Por ello, en 1994 procedieron a elaborar y registrar el reglamento de propiedad horizontal con el fin de individualizar cada uno de los locales construidos en dichos terrenos y que, aunque la cesión ordenara que eran para el beneficio de la comunidad, la parroquia los constituyó en lucro particular; hasta el día de hoy, la parroquia se beneficia del dinero que pagan todos los locales como canon de arrendamiento.

El único local que no pagaba arriendo era el espacio ocupado por la Biblioteca Comunitaria Niquía, que funcionó en beneficio de la comunidad hasta septiembre de 2015, fecha en la cual fue cerrada por el Inspector Quinto de Policía de Bello en cumplimiento de comisión del Juzgado Segundo Civil Municipal de Bello.

La orden del juzgado Segundo Civil Municipal

Es que al llegar como cura párroco el sacerdote Jorge Mario Acosta y revisar los activos de la parroquia, le pareció que ese espacio ocupado por la biblioteca también podía aportar ganancias, en vez de ser un lugar de debate, de formación, de organización; procedió, entonces a interponer ante el juez un proceso reivindicatorio para que le fuese devuelta la biblioteca administrada por el Comité Cultural y Biblioteca Comunitaria Niquía (C.C.B.C.N.). Aunque el Comité respondió la demanda y se opuso a las pretensiones de la parroquia, no entendió el objeto de dicho proceso.

Esta claridad la obtuvieron solo el 08 de octubre de 2021 cuando accedieron a los certificados de libertad y se enteraron de las actuaciones de la Parroquia y ahora sí entendieron lo que había pasado: gracias al favor de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos Medellín Norte, la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá figura como titular del derecho de dominio de los 7.500 metros entregados en cesión condicionada por la Constructora Niquía S.A. Por figurar como titular del derecho de dominio pudo registrar el reglamento de propiedad horizontal y disfrutar hasta hoy del lucro que otorgan los locales arrendados para diferentes negocios.

Para nadie es un secreto que la mayoría de las iglesias o templos son construidos por el esfuerzo de las comunidades; el templo de la Chinca, en Niquía, no es la excepción, es más, no solo se construyó el templo de esta forma sino también la biblioteca, así lo recuerdan los más antiguos pobladores de ese sector; sin embargo, el certificado de libertad de la biblioteca dice así: “Adquirió la Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, el inmueble objeto de reglamento de propiedad horizontal, así: La edificación por haberla levantado a sus expensas y el lote de terreno por donación de Ciudad Niquía, según escritura #2207 del 31 de octubre de 1960, de la notaria de Bello, registrada el 7 de diciembre de 1960 en el folio de matrícula inmobiliaria n. 001-5079335., o sea por título anterior a los veinte años que comprende este certificado”.

El poder de las iglesias

Para los habitantes del sector de Niquía, aledaño a la Parroquia de la Chinca, dolientes de la Biblioteca, es un imperativo la recuperación de este espacio para el desarrollo cultural del barrio y no descartan el ejercicio de acciones de movilización y también legales para la recuperación de los terrenos cedidos por la Constructora Niquía para que fuesen administrados, no apoderados, por la Parroquia para el beneficio de toda la comunidad.

Reconocen los pobladores que este acto de apropiación lo logró la Iglesia por el poder que todavía conserva y que, aunque existen excepciones entre sus jerarcas, como sería el caso de Monseñor Darío Monsalve. Como dice sociólogo e investigador José Fabio Naranjo Mesa, la responsabilidad institucional apunta a “la complicidad por omisión”. “A partir de lo cual es que se debería pedir perdón; no son “manzanas podridas” las que han alentado o participado en la violencia; ha habido contextos históricos que han llevado a comportamientos colectivos o cuasi colectivos en favor de ella, incluso en contra o “torciéndole el cuello” a la doctrina o enseñanzas evangélicas” (Intervención durante el encuentro con La Comisión de la Verdad, septiembre 29 de 2020).

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