Por Cristina Arias Galeano

Ilustración: Nube Voladora
Desde que diferentes poblaciones tenemos más acceso a la tecnología y a la información, se ha hablado de que las semillas son fuente de salud y, si se consumen, se está comiendo pura vida. Las semillas son pura vida, ya que de ahí crece una planta si la pones en la tierra. Quizás, cuando se escucha esto, generalmente parece algo bastante poético y salido de la cocina. ¿Qué tiene que ver la menstruación con semillas?
Existen desde antaño prácticas con las semillas que pueden ayudar a reducir síntomas molestos premenstruales, a tomar conciencia del ciclo natural de las hormonas y a lograr una conexión más íntima con el cuerpo y con las emociones. ¿Quién no ha escuchado en algún momento de la vida hablar sobre los altibajos emocionales de las mujeres, o que está en sus días, o alguna otra expresión como “está enferma” o está hormonal? Esta y muchas más nos han marcado desde jóvenes nuestra vida, tanto que ahora asumimos como normal que una mujer no soporte a la humanidad ciertos días del mes. ¿Normal? Pero de dónde sale que es normal decir que una mujer “está enferma los días que tiene su período, regularmente cada 28 días, y por eso es mejor implantarse dispositivos o drogarse con hormonas sintéticas para nunca más tener que saber de sangre entre las piernas.
Pero, por más que se quiera ignorar, el período no deja de cumplir con su ciclo natural, solo que, forzado, se queda escondido. Esto no es una crítica para las mujeres que intentan resolver así la incomodidad y el malestar durante la menstruación, sino una invitación a conocer un poquito más sobre el cuerpo femenino y su maravillosa magia. Este ciclo natural, hermoso, lleno de hormonas que hacen de la expresión del cuerpo femenino un mundo casi inexplicable, lo empezaremos a conocer y entender mejor con lo que se explicará brevemente en el texto.
El ciclo de las semillas, o en inglés “seed cycling”, es un método que se ha empleado por años en la medicina no ortodoxa para regular el ciclo menstrual y/o hormonal de una forma natural, sincronizando el ciclo con el consumo de las semillas. Sí, se puede dejar en segundo plano el consumo de hormonas sintéticas y empezar a consumir vida. Este método potenciará al máximo la salud hormonal y, además, los dolores menstruales (dismenorrea) o síndromes premenstruales disminuirán y, como consecuencia, el estado anímico mejorará sorprendentemente.
Las semillas protagonistas en este tema son: calabaza, girasol, ajonjolí y linaza, que ayudarán a alimentar de una manera correcta las hormonas en cada ciclo. No será complicado tener en la alacena de la cocina estás semillas y agregarlas a alguna de las comidas del día. Es más, harán adorno de alguna ensalada o darán sabor extra al arroz que se consume todos los días. Consumir estás semillas ayudará al cuerpo y especialmente a las hormonas a formarse adecuadamente a partir de los ácidos grasos contenidas en ellas.
El ciclo menstrual, explicado de la manera más sencilla, está dividido en dos ciclos: el ovárico/folicular y el uterino/lúteo. Cada uno dura aproximadamente 14 días, cumpliendo así 28 días del ciclo. Las hormonas que juegan aquí el papel más importante son la progesterona y el estrógeno, que estarán presentes en las dos etapas. Los fitonutrientes que encontramos en las semillas mencionadas aportarán de una manera adecuada oligoelementos como los omega 3 a las hormonas en cada uno de sus ciclos, además de sumarle beneficios a la salud ósea y al sistema nervioso, gracias a los minerales que contienen. Además, son ricas en fibra que mejora el funcionamiento del sistema digestivo, también son excelente fuente de proteína vegetal, ácido oleico y linoleico, que son esenciales para el cerebro. Comprendiendo el ciclo menstrual y sus dos etapas podremos incluir más consciente y efectivamente estas semillas en nuestra alimentación.
Veamos cómo: Primera fase: Ovárica/Folicular, que empieza desde el primer día del sangrado y que dura generalmente 14 días; aquí los niveles de estrógenos empiezan a subir. En estos días se recomienda consumir semillas de calabaza y de linaza. Con las primeras obtendremos micronutrientes como el zinc, que apoya a los niveles bajos de progesterona y también ayudará a producir serotonina y melatonina, que son las moléculas de la felicidad y del sueño, ideales para estos días porque la energía es más baja. Las semillas de lino ricas en omegas 3 ejercen un papel antiinflamatorio y regulan los niveles de estrógenos.
Segunda fase: uterina/lútea, que empieza el día 14; los estrógenos alcanzan el pico máximo y empiezan a disminuir dejando espacio para la progesterona. Lo ideal es cambiar a partir de este día el consumo de semillas: ahora serán el sésamo/ajonjolí y semillas de girasol. Las semillas de sésamo, de las más ricas en calcio sobre la tierra, ayudan también a equilibrar el colesterol. Es importante potenciar en estos días la asimilación de calcio y ayudar a la producción de progesterona con la vitamina B6 contenida en ellas. Las semillas de girasol son ricas en hierro y ayudarán al cuerpo a prepararse para la próxima pérdida de sangre. También contienen selenio y vitamina B6, que ya se mencionó ayudan a la producción de progesterona, además de contener vitamina E, que incrementa la fertilidad.
En la menopausia sigue siendo importante el consumo de estas semillas, ya que, como se mencionó, ayudan a la producción y regulación de las hormonas, es un apoyo extra para que el ciclo hormonal siga funcionando en su forma natural, además del aporte protagonista del calcio, que se pierde fácilmente en la adultez. Es bastante fácil de incluir en la dieta diaria, muy versátiles tanto para recetas dulces como saladas, en batidos, postres, ensaladas o sopas. Si hay falta de inspiración para mantenerlas en los platos diarios. pueden visitar la página en Instagram: @cooking_your_brain en donde se muestra cómo incluirlas en el día a día.

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