La tragedia del extractivismo en América Latina

Por Rubén Darío Zapata

El extractivismo, que hoy se extiende como actividad hegemónica en varios países de América latina, es evidencia de la persistente colonialidad en nuestro territorio y de la forma dependiente de nuestras economías. Esto muestra que el papel en la producción mundial sigue determinado por las necesidades del capital internacional en su proceso de acumulación, a pesar del despojo, el hambre y la miseria que provoca en las poblaciones que habitan las zonas privilegiadas por la inversión minera y extractiva.

Algo de historia

Los países de América latina, igual que los de África y algunos de Asia, fueron incorporados a la fuerza a la dinámica del capitalismo naciente en el siglo XVI mediante la colonización. Para ese entonces, varios pueblos que habitaban estos territorios habían construido economías agrarias sólidas, que proveían eficazmente de alimento a sus integrantes. Pero los europeos se deslumbraron con la abundancia de oro y plata que encontraron en estos territorios. Por eso destruyeron las economías agrarias que encontraron a su paso y redujeron a las comunidades indígenas y a los negros que trajeron posteriormente a la condición de esclavos mineros, para sostener la dinámica del capitalismo naciente en Europa.

La pretensión nunca fue que la minería propiciara los recursos para la subsistencia de las poblaciones nativas. Nada de la riqueza extraída de nuestros suelos se invirtió en estos territorios ni mejoró la calidad de vida de la gente, considerada poco menos que ganado.

El presente

Los procesos de independencia no transformaron en nada esta relación de las antiguas colonias con las grandes metrópolis. Ya en 1926 denunciaba Mariátigui que las mejores tierras en las costas del Perú estaban dedicadas a la caña y al algodón, no porque fuera lo que el país necesitaba, sino porque lo demandaban Inglaterra y Estados Unidos, quienes además financiaban el negocio y controlaban su comercialización. También advertía que en el momento en que las metrópolis encontraran proveedores más favorables abandonarían a su suerte los territorios antes sometidos. Ya había sucedió en la Amazonía brasileña, después del boom del caucho, cuando los ingleses robaron las semillas y desplazaron el centro de producción hacia Indonesia. Sucedió también en Guanajuato, México, y en Potosí, Bolivia, cuando las minas se agotaron.

A propósito del Potosí, nos cuenta Jonathan Borja, quien hace poco estuvo de gira por América del Sur, que este es casi un pueblo fantasma, sumido en una pobreza inimaginable para quien hubiera escuchado de las enormes cantidades de plata extraídas de sus entrañas. El pueblo no cuenta ni siquiera con agua potable y, como no hay alcantarillado, cuando llueve sus calles, destapadas en su mayoría (en otro tiempo pavimentadas de plata), se vuelven ríos. Allí vive malamente el pueblo Tinguipaya, que subsiste de la agricultura en condiciones de pobreza extrema. Hoy por hoy, una de las pocas fuentes de ingreso allí es el turismo en torno a las antiguas minas, gloria de un tiempo ya ido.

La Laguna Parón, desaguada por la Hidroeléctrica Cañón del Pato. Actualmente tiene menos de la mitad del volumen original. Foto: Jonathan Borja

La Patagonia argentina amenazada por el fracking

Ante el agotamiento de las reservas de hidrocarburos convencionales, el gobierno argentino, desde 2013, ha decidido usar el fracking para extraer las reservas no convencionales y atender, más que la demanda interna, la demanda mundial. Las exploraciones se concentran en la provincia de Neuquén, al norte de la Patagonia, territorio habitado por el pueblo mapuche. Hay estimaciones de que esta zona alberga una de las reservas de petróleo y gas no convencional más grande de América Latina y el mundo. Pero el fracking amenaza con problemas socioambientales enormes y agotamiento de las fuentes hídricas en poco tiempo, lo cual pone en riesgo la forma de vida del pueblo mapuche. Para salir al paso a las distintas formas de resistencia, la ley que autoriza el uso del fracking legaliza la represión contra las movilizaciones, a fin de no ahuyentar la inversión que busca el gobierno para lograr la extracción del petróleo.

Chile y la fiebre del litio

Chile ha sido un país minero por excelencia, cuyo desarrollo económico ha dependido por largos periodos del cobre. Ahora le tocó la bonanza al litio, un metal indispensable para la producción de baterías para celulares y computadores, entre otros artefactos electrónicos. Y Chile es el segundo mayor productor de litio en el mundo, aunque sus reservas se encuentran en el desierto de Atacama, al norte de la Patagonia, patrimonio de las comunidades indígenas, concretamente del pueblo atacameño Lickanantay, cuya forma de vida gira en torno a la agricultura.

La extracción y separación del litio exige enormes cantidades de agua, que ya de por sí es escasa en esta región. Como pudo observar Jonathan, las empresas mineras filtran el agua de los ríos y salares (lagos salados), dejando a las comunidades sin acceso a ella, hasta el punto que estas hoy dependen de la distribución de camiones cisternas. Y ello es así porque la Constitución Política establecida durante la dictadura de Pinochet privatizó absolutamente todo, incluso los minerales y el agua, de los cuales hoy son dueños estas mineras.

Perú y el deshielo de los nevados

Perú cuenta con una de las reservas ambientales más importantes del mundo, en la Cordillera Blanca, la cadena montañosa tropical nevada más extensa, con 16.000 kilómetros cuadrados, en los cuales se encuentran 17 picos que sobrepasan los 6.000 m s.n. m., 1.072 lagunas y 722 glaciares. Fue denominado por la UNESCO como Reserva de Biosfera en 1977 y como Patrimonio Natural de la Humanidad en 1985. Pero, a causa del calentamiento global (Perú es el segundo país más afectado en el mundo), el área cubierta de glaciares ha disminuido en un tercio desde 1970.

Del agua de los glaciares que surte al río Santa y al complejo de lagunas, se benefician los pueblos del departamento de Áncash (En su mayoría indígenas Chopcca, del pueblo Quechua), pero también la Central hidroeléctrica Cañón del Pato. El aumento del deshielo de los glaciares en verano ha llevado a un incremento significativo en los depósitos de agua de varios lagos y las autoridades han informado, sin mucho sustento según le contaron algunos pobladores de la zona a Jonathan, que esto provoca inestabilidad en los terrenos aledaños, sobre todo en el caso de la Laguna Parón. Por eso ordenaron drenarla para evitar catástrofes.

Lo curioso, dicen los pobladores, es que la empresa encargada para dicho drenaje, por licitación pública, es la hidroeléctrica, que desvía las aguas de los lagos hacia la presa. De esa manera la empresa hace carambola: en invierno desvía el agua del río y en verano, cuando las aguas del río bajan, se nutre de los lagos. En ambos casos las comunidades se quedan sin agua, para que la empresa pueda seguir funcionando.

Laguna en la Reserva Natural los Flamencos, en Chile. Antes de que la empresa minera empezará a extraer Litio, toda la superficie alrededor del Flamenco era agua. El número de flamencos era
enorme, pero ya no tienen más alimento allí. Foto: Jonathan Borja

Deja un comentario