El futbol y el negacionismo del genocidio de Israel
Por Renán Vega Cantor
En los momentos en que se escribe esta nota, el pueblo palestino nuevamente es masacrado por los ocupantes sionistas. Esa masacre, planificada y llevada a cabo con alevosía asesina por los nazis de Israel no es noticia ni produce las lágrimas de cocodrilo que en la prensa mundial ha generado la guerra de Ucrania. Es como si Palestina no existiera, como si en su territorio no se encontrara la cárcel a cielo abierto más grande del planeta y en ella no estuvieran apiñados millones de palestinos, que son privados de lo más elemental. En esa cárcel, Israel bombardea y mata en forma indiscriminada a niños, mujeres, ancianos, jóvenes… En los hechos más recientes de este genocidio permanente han sido masacrados treinta habitantes de Gaza.
Quien se encarga de negar la existencia de Palestina es, en primer lugar, el régimen de Israel. Al respecto, la declaración más cínica la ha hecho en marzo de este año el Ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, quien ha dicho que esa “cosa llamada pueblo palestino no existe», que sería un “concepto inventado hace menos de cien años y que los verdaderos palestinos son los judíos que habitan la tierra de Israel desde hace más de 2000 años”. Agregó que los árabes “inventan un pueblo ficticio y reclaman derechos ficticios sobre la tierra de Israel”. Este negacionismo del pueblo palestino ‒cuyo crecimiento demográfico en las tierras ocupadas es evidente al alcanzar una cifra de más de cinco millones de personas‒, es secundado por los delincuentes internacionales que gobiernan el mundo, y se denominan a sí mismos “Comunidad Internacional”, encabezados por Estados Unidos.
Entre los negacionistas hay una instancia que poco se nombra, aunque sea uno de los principales lavaderos de la imagen criminal de Israel. Esa entidad es la FIFA, la transnacional capitalista que controla y domina el negocio del fútbol, la cual se presenta como una organización “apolítica”, con el argumento de que el fútbol y la política no se pueden juntar.
Esa entidad, aparentemente “apolítica”, fue la que adoptó una decisión abiertamente política al expulsar a Rusia de las competencias internacionales y del mundial de Catar e incitó a que en los estadios del mundo se ondearan banderas de Ucrania y se exhibiera la rusofobia de múltiples maneras. Esa misma FIFA fue la que le quitó a Indonesia el Mundial de Futbol Sub-20 porque autoridades de ese país se negaron a recibir en su suelo a la Selección de Israel. La FIFA le dio el mundial a Argentina, con la condición, aceptada en forma sumisa y obediente por la AFA [Asociación del Futbol Argentino] y el gobierno de ese país, de que no se dijera nada contra los genocidas de Israel ni se nombrara al pueblo palestino.
Esta pretensión se arruinó en el primer partido de Israel el 21 de mayo, que enfrentó a Colombia. En el transcurso del juego unos colombianos exhibieron una bandera de Palestina. Y aquí viene una de las cosas más increíbles, que parece de ciencia ficción. Uno de los hinchas colombianos fue detenido con la acusación de exhibir la bandera de Palestina y los policías encargados del “operativo de seguridad” [sic] informaron que “se realizarán las investigaciones correspondientes por incitación a la violencia en el deporte”. En el asunto intervino la Agencia de Prevención contra la Violencia en el Deporte (Aprevide), cuyo director sostuvo que por ese hecho de violencia [ondear la bandera de Palestina] se van a incrementar las medidas tendientes a “preservar la paz y el respeto mutuo en los espectáculos futbolísticos”, así como a «trabajar junto a los organizadores para que se tomen las medidas necesarias en estos casos».
Para darse cuenta de la aversión hacia la bandera de Palestina, valga señalar el trato que le dieron al colombiano acusado del delito de exhibir ese emblema. Michel Andrés Cifuentes, residente desde hace varios años en Argentina, relató sobre su captura: “Me detuvieron de forma agresiva, me montaron a la patrulla, me golpearon, me tomaron fotos y me llevaron a la estación de la Policía. […] Me decían que les entregara la bandera, pero yo no tenía nada. […] me quitaron la ropa para ver si yo tenía la bandera, pero no encontraron nada. Igualmente, me judicializaron y me detuvieron por dos horas”. Tanta saña por una bandera de un pueblo perseguido y criminalizado, y todo para satisfacer los apetitos negacionistas del lobby judío universal, que en Argentina tiene a unos de sus bastiones, y cuenta con el respaldo de la mafia de la FIFA.
La impunidad de Israel en el plano internacional alcanza tal dimensión que ondear una bandera de Palestina en un estadio en que juega la selección de los genocidas sionistas es catalogada como un acto de “incitación a la violencia”. Algo así como que, de la noche a la mañana, los criminales de Israel se convirtieron en unos mansos corderos a los que hay que elogiar, aplaudir e imitar por el trato tan amable y cariñoso que les dispensan a los palestinos, matándolos, encarcelándolos y torturándolos.
De repente, los asesinos aparecen como los mártires a los que no se les pueden recordar sus masacres, racismo, bombardeos indiscriminados, asesinato de niños y jóvenes… porque eso es incitar a la violencia. Y la FIFA considera que a esas sublimes palomas del Estado terrorista de Israel no se les puede ni siquiera ofender con una bandera de los pobres palestinos, porque eso sería una muestra de odio e incitación a la violencia.
Difícil encontrar mayor grado de cinismo, el que replican los medios de desinformación de Colombia, donde El Espectador se llevó las palmas del descaro y la mentira al decir, en un pie de foto en la que aparece la bandera de Palestina en las tribunas del estadio, que ese gesto de dignidad y decoro “manchó la victoria de Colombia 2-1”. Por el contrario, frente a las mentiras de los seguidores soterrados y confesos de Israel, lo que pasó ese día y en ese estadio, al margen del resultado futbolístico, engrandeció la imagen de unos colombianos, que como pocas veces nos reconfortan al enfrentar la ignominia, la mentira y la simulación que representa la FIFA, y su vana pretensión de lavar la cara, cadavérica y manchada de sangre, del estado terrorista de Israel.
Y, a propósito de banderas, con la lógica de la FIFA ‒aplicada al pie de la letra por el gobierno gaucho‒ los hinchas de Argentina no pueden exhibir una bandera de su país en un partido de Inglaterra ‒ocupante colonial de las Malvinas‒ porque eso es una incitación a la violencia. Y no estamos lejos de eso, porque a un campo de fútbol se le cambió su nombre original de Malvinas Argentinas por el de Estadio de Mendoza, todo para no insultar a los colonialistas de Inglaterra ni a la FIFA, socio incondicional de sionistas, genocidas y potencias capitalistas e imperialistas.

El acto manchó la victoria de Colombia 2-1 en el estadio Único Diego Maradona de La Plata (Argentina). Foto: captura de pantalla.
