La abuela del Juneteenth

Por Ruben Dario Zapata Yepes

En la foto: Opal Lee a los 93 años

Estados Unidos fue la primera colonia americana en independizarse del colonizador europeo, en 1776. Desde entonces, su carta magna se convirtió en una especie de referencia para los pueblos en su lucha por la libertad; pero el concepto de libertad que tenían los padres fundadores, todos blancos y burgueses, era muy restringido. De hecho, la esclavitud siguió normalizada en ese territorio casi un siglo después, hasta 1863 (Pensar que incluso en Colombia se hizo antes: 1851), cuando el presidente Abraham Lincon firmó la orden para la liberación de los esclavos en todo el país; pero su materialización solo fue posible después de una guerra civil, iniciada por varios estados esclavistas del sur que se rebelaron ante las intenciones de liberar a los esclavos; ellos no solo defendían el derecho de los hacendados a mantener la esclavitud sino a expandirla por todo el territorio.

Solo en la medida en que los ejércitos de la Unión avanzaban y conquistaban territorios confederados, la ley de manumisión se hacía realidad para los esclavos que allí seguían sojuzgado bajo el yugo de los supremacistas blancos. Galveston, una isla en la costa de Texas, fue el último lugar a donde los soldados unionistas llegaron a hacer realidad la liberación de los esclavos, que hasta entonces habían vivido por más de dos años sin saber que oficialmente eran libres. Eso ocurrió el 19 de junio de 1965, y desde entonces en Galveston, y luego en muchos otros lugares, las comunidades negras se reúnen para celebrar el Junteenth, como la fecha en que se conmemora el fin de la esclavitud en Estados Unidos.

La familia de Opal Lee era de Galveston, y conservó la tradición de celebrar el Juneteenth, incluso cuando muchos años después se mudaron a un barrio blanco de Fort Worth, todavía en el estado de Texas. Eso fue en 1939 y Opal tenía entonces apenas 12 años, pero la experiencia que vivió en aquel Juneteenth la marcó para siempre.

Los blancos de aquel barrio no quisieron aceptar la convivencia con familias negras. Una turba rodeó las casas de los negros e irrumpió en ellas con el propósito de expulsarlos. En la casa de Opal quemaron los muebles y destruyeron cuanto pudieron. Ni siquiera la policía pudo contener el vandalismo de los supremacistas. La familia Lee, y seguramente las de los otros negros, tuvo que mudarse a otro lugar.

Esos acontecimientos pusieron a pensar a Opal si efectivamente la ley de manumisión garantizaba la libertad para los negros, viendo que ni siquiera eran libres para elegir dónde querían vivir. ¿Qué significaba entonces la libertad? Ella y su familia siguieron organizándose con las comunidades negras de diversos estados para conmemorar el Juneteenth, pero siempre tuvo la sensación de que no era suficiente. Hasta que, en 2016, a la edad de 89 años, decidió adoptar la misión de lograr que el 19 de junio se convirtiera en un día feriado en todo Estados Unidos, para que la celebración dejara de ser solo de los negros. Para entonces Opal llevaba casi tres décadas jubilada de profesora y se había dedicado a varias obras de voluntariado social como garantizar albergue a quienes lo necesitaran o gestionar un banco de alimentos, una granja o un huerto comunitario.

La estrategia de Opal era caminar por varias ciudades hasta llegar a Washington y reunirse con el presidente Obama, para convencerlo de la necesidad de declarar el 19 de junio como día festivo para todo el país. Siempre caminaba 4 kilómetros, o sea 2.5 millas, como referencia a los dos años y medio que tardó la libertad de los esclavos para llegar a Galveston, después de la firma del presidente Lincon. Ofreció Charlas a propósito de su misión en varias ciudades a donde era invitada y se hizo visible en todo el país, porque atrajo, como ella esperaba, las cámaras de las grandes cadenas televisivas como CNN.

Pero no la vio el presidente Obama, a pesar de que buena parte de las esperanzas de Opal estaban puestas en su condición de negro. Enero de 2017 era el último mes del gobierno de Obama, y Opal viajó con su comitiva a Washington con el propósito de llegar a la Casa Blanca. Los medios habían publicitado suficientemente su campaña, así que era imposible que el gobierno no estuviera enterado. Sin embargo, cuando Opal llegó se enteró que Obama no estaba en la Casa Blanca ni tenía ninguna disposición para recibirla. Entonces siguió derecha para el Congreso, en donde le dijeron que lo que ella pedía necesitaba la promulgación de una ley que algún senador debía presentar o la misma ciudadanía a partir de la recolección de firmas. Así que Opal tuvo que regresar a su pueblo e iniciar una nueva misión: recaudar las firmas suficientes para presentar el proyecto de ley en el senado.

Un acontecimiento desagraciado fue el que catapultó la recolección de firmas. El 25 de mayo de 2020 Georg Floyd, un negro de 46 años, fue asesinado brutalmente por un policía con la complicidad de otros. Millones de personas salieron a protestar por varios días y este fue el marco propicio para la recolección de firmas que realizaba Opal con sus compañeros y compañeras de sueños. Eran ya más de 4 años de caminar 2.5 millas cada día para que los políticos se tomaran en serio la liberación de los esclavos como un asunto de la historia nacional que debía involucrar a todos los ciudadanos.

Al final logró recolectar más de millón y medio de firmas, aunque el apoyo en el Congreso no se materializaba. Hasta junio de 2021. Opal incluso fue invitada por el presidente Biden a la Casa Blanca, el 17 de julio de 2021, para el acto de la firma de la ley que declaraba el Juneteenth como una celebración nacional.

El discurso con el que Opal Lee intentó seducir a buena parte de la ciudadanía estadounidense hablaba de las diversas formas en que puede manifestarse la falta de libertad. Por lo tanto, la suya era, tal como ella misma la describía, una campaña por la libertad. Uno se ve tentado a pensar que esta fue una lucha muy tenaz para un resultado un tanto pírrico, pues una ley que reconoce el Juneteenth como día festivo nacional no necesariamente obliga a los ciudadanos blancos a celebrarlo. No obstante, la lucha de Opal tiene un punto de partida que bien vale la pena reconocer: los esclavos serán realmente libres cuando los antiguos esclavistas puedan reconocer en su emancipación un triunfo de la humanidad. Eso no logra una ley solamente, pero el camino que en esa lucha abrió Opal es bastante prometedor.

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