La siguiente memoria tejida nace de reflexiones en el Círculo de pensamientos Abya Yala – Ciclo: Diálogo de saberes y pedagógicas interculturales en el cual participaron: Colectivo Jaripua Kay, Colectivo Sumak Kawsay, La Mínima Comuna y Escuela Popular de Sikuris

Ilustración: Delfina Vincenti
Por Víctor Andrés Muñoz Marín
El rizoma
El rizoma es un tallo subterráneo, tiene una multiplicidad de entradas y salidas, se extiende por debajo de la tierra y tiene distintas formaciones que crecen horizontalmente, que se conectan con otros rizomas para enlazarse como hilos que se hacen fuertes en cada entrelazada. No busca echar raíz, ni quedarse estático; por el contrario, busca caminos de fugas para realizar nuevas conexiones que se van tejiendo desde una circularidad en segmento opuesto. Tiene una relevante diferencia con el árbol, ya que no arboriza en un solo pensamiento, sino que busca expandirse para conectar con otros pensamientos. En sí mismo, el rizoma es una metáfora de la botánica, que permite reconocer la dinámica de las relaciones humanas, vislumbrando el pensamiento y el accionar de las y los sujetos en una cultura.
Para el rizoma no existe una línea o manual para pensar y accionar; por el contrario, hace crítica a la linealidad. Desde esta visión filosófica, no existe una única forma de pensar, ni una sola praxis, sino una multiplicidad de saberes, de simbolismo y de subjetividades, que unidas se hacen fuertes para ir a la contra de la imposición patriarcal de un solo lenguaje. De esta manera, el pensamiento rizomático es un proceso de fuga en busca de nuevos significados de contrapoder y contrahegemonía cultural.
Una de sus principales características es la ruptura con la tradición dominante y la unión con otros rizomas, para dotar de un significado distinto la vida a través de nuevas formas de habitar, este siempre está enlazándose, reconociendo la capacidad intersubjetiva, hacia la constitución de alianzas para el accionar colectivo. Por estar tejidos, al moverse un rizoma también se mueve el otro rizoma, recalcando la importancia de hacer una dialéctica de los significados y los pensamientos de los seres humanos alrededor de las prácticas hibridas de los territorios, es decir, el conocimiento intercultural.
Rizoma Intercultural
La interculturalidad es una categoría bastante mencionada en la academia y en los procesos políticos, pero es poco lo que se aborda con intensidad histórica, lo que ha llevado a romantizar el multiculturalismo y la visión intercultural institucional, que impone el funcionalismo de los discursos del sistema, sus Estados y gobiernos.
Pero es la interculturalidad histórico-crítica y el pensamiento rizomático hacen hincapié en el reconocimiento de las subjetividades y las prácticas culturales de los territorios, es decir, en la memoria de los pueblos oprimidos, con el fin de generar ruptura y tensión con lo homogéneo. Ruptura que enlaza distintas visiones y acciones que habitan en un mismo territorio.
De esta manera es necesaria la diferencia y la tensión social, para crear un crisol de culturas hibridas, que permita hacer fuga a la cultura hegemónica y reconocer la importancia de la multiplicidad de saberes y prácticas que habitan un mismo espacio. Esto implica reciprocidad en el proceso a la hora de tejer los pensamientos y el accionar de las y los individuos.
Seguir esta línea es romper con lo romántico de compartir culturas, yendo más allá del consumo de símbolos, ya que busca realizar una recuperación histórica de las memorias de los pueblos campesinos, afrodescendientes, indígenas y de las contraculturas urbanas para colectivizar nuevas formas de habitar el territorio y crear nuevos sentidos comunitarios en quienes habitan el territorio.
En el caso de la ciudad de Medellín, hay un conglomerado de saberes híbridos, dado por los constantes desplazamientos forzados de pueblos enteros del campo a la ciudad por causa del conflicto armado. En las periferias de la ciudad se han asentado distintas culturales que, en un contexto urbano y globalizado, se hicieron invisibles por la imposición del modelo de desarrollo económico y un modelo de vida. Aunado a ello, en la ciudad no solo perviven sabres y prácticas del campesinado, comunidades indígenas y afros, también hay movimientos contraculturales como el punk, movimientos feministas, ambientalistas, estudiantiles y obreros que hacen ruptura con lo tradicional y crean nuevos códigos, otras identidades.
Entre tanto, la interculturalidad no solo gira en torno a lo rural o lo mágico, también incide en lo urbano, por lo que el proceso intercultural histórico y crítico es necesario en todos los escenarios sociales condicionados por el sistema, para el fortalecimiento de los procesos organizativos entre diferentes, para la constitución de memorias alternas.
Memorias alternas
Las memorias de los pueblos colombianos históricamente han sido acalladas desde hace más de 5 siglos, con la conquista y la imposición del virreinato de la nueva granada en el altiplano cundiboyacense. Se agudizó con la imposición del sistema capitalista y el conflicto interno armado. Conflicto negado por Darío Acevedo, ex director del CNMH -Centro Nacional de Memoria Histórica-, nombrado a dedo por el gobierno de Iván Duque en el 2018, y por buena parte de la élite que lo ha desatado.
Las memorias alternas son aquellas sin aval institucional. Aquellas que nadan contra la corriente del simbolismo del modelo de desarrollo económico, porque, más allá del interés de mercado, están a favor de la dignidad y del buen vivir de los pueblos acallados. De esta manera, desde la perspectiva rizomática en relación con las memorias alternas y la narración de la historia, es necesario hacer ruptura permanente con los intereses políticos y económicos que tergiversan la memoria y la constituyen a favor de las grandes elites y las instituciones hegemónicas del país.
Las memorias alternas, en estrecha relación con la interculturalidad y la interpretación crítica de la historia, se anclan en el reconocimiento de la intersubjetividad, las vivencias y experiencias subjetivas de las y los individuos que habitan varios territorios, posibilitando La emergencia de sujetos políticos como ejes de la interculturalidad que, a través de sus prácticas y saberes propios, recreen la memoria y se entrelacen con otras memorias como rizomas en fuga, en busca de la dignidad humana.
