Por Alejandro Roque

Las preguntas religiosas y filosóficas por la vida eterna han tenido una respuesta presente en los océanos de la Tierra durante millones de años; la “medusa inmortal” es una especie de hidrozoo hidroideo de la familia Ocenidae que teóricamente puede vivir eternamente. Según considera la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, los pequeños seres con manchas translúcidas han estado flotando desde mucho antes de la desaparición de los dinosaurios, hace unos 66 millones de años.
Aunque nos puede sonar ficticio, hoy en día existe un ser vivo con el potencial de vivir durante millones de años, se encuentra en los reinos de la biología. Cuando una medusa inmortal envejece o sufre alguna mutilación por algún depredador, la especie puede evitar la muerte volviendo a una etapa de pólipo. Lo hace reabsorbiendo sus tentáculos y quedando por un tiempo en el fondo del mar para reiniciar el ciclo de vida desde su inicio.
Lo que se sabe es que la capacidad de la criatura para rejuvenecer implica un proceso de transdiferenciación celular, lo que significa que una célula se transforma en otra, como lo que ocurre en las células madre humanas. Con su hallazgo se podría lograr un avance en el tratamiento de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, neurodegenerativas, cardiovasculares e incluso el cáncer, lo que podría lograr un avance significativo en la medicina. Pero el afán del capitalismo por la acumulación ha llevado a que la medusa sea sacrificada para investigaciones en la industria cosmetológica, dejando este ser vivo con una etiqueta simple e insignificante de cumplir el papel de los futuros productos de belleza.
Los resultados que se esperan es que, más allá de contribuir a la solución de patologías neurodegenerativas, las medusas abran un nuevo modelo de mercado que logre impulsar el motor de la economía mundial, ampliando el negocio de todos los productos y servicios relacionados con la mejora de la apariencia física para lograr ciertos estereotipos. La medusa ha sido vista como un objeto que puede crear una nueva necesidad de consumo que lleve a la industria cosmética a lograr cifras de ventas inalcanzables en un futuro no muy lejano.
No todo ha sido bueno frente al descubrimiento de este pequeño animal. Los misterios sobre la inmortalidad se encuentran hoy un paso más cerca de ser comprendidos; frenar o incluso detener el envejecimiento humano es uno de los problemas de la investigación científica hoy en día, el interés de las sociedades avanzadas de rechazar la mortalidad ha sometido a la medusa inmortal a una gran encrucijada para seguir viviendo.
Ahora tenemos un nuevo estudio, lanzado por el grupo de investigación biológica de la Universidad de Oviedo, sobre el rejuvenecimiento celular en el cual han intentado descifrar el genoma de la llamada medusa inmortal. El grupo de trabajo no se ha inquietado por lograr la inmortalidad en los seres humanos, sino entender las claves de la juventud eterna para generar productos cosméticos para las personas que puedan pagar por vivir más tiempo. “La inmortalidad no es posible, pero sí lo que se llama amortalidad: la capacidad de estar vivo de manera indefinida”, afirma María Blasco Marhuenda, científica española especializada en el estudio de los telómeros y directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, que ha participado del estudio. Este es, por supuesto, de gran beneficio para la industria cosmética, que en 2023 generó aproximadamente 800.000 millones de dólares de ganancias.
En este nuevo estudio la medusa inmortal ha sido sometida por medio de herramientas bioinformáticas y de genómica comparativa para identificar en ella los genes característicos que permiten la replicación y reparación del ADN, el mantenimiento de los telómeros, la renovación de células madres y la comunicación intercelular. “Lo más sorprendente ha sido ver con nuestros ojos cómo estas medusas con unas condiciones ambientales determinadas, revertían en pocos días y se convertían en pólipos”, decía la doctora Dido Carrero Muñoz, partícipe de la investigación donde someten a las medusas a pruebas constantes hasta que mueren.
El capitalismo salvaje contra la medusa. El actual sistema económico neoliberal que se interesa poco por cambiar el rumbo de consumo, ha sometido al pequeño animal a pruebas nefastas para determinar nuevos productos para la belleza. El fetichismo del capital no tiene límites, dentro de poco las posibilidades de que la medusa sea parte de la lista de animales en vía de extinción es alta, ya que hoy en día tenemos un elevado número de especies que están en peligro crítico de desaparecer. En 50 años el capitalismo acabó con el 60% de los animales salvajes del mundo, y aunque hoy en día solo conocemos el 5% del océano, la creación de artefactos tecnológicos ha permitido la exploración del mundo marino con avances gigantescos.
Se espera entonces que la especie que puede vivir durante millones de años tienda a desaparecer gracias a los laboratorios que trabajan de la mano con las grandes cosméticas del mundo. Deberíamos entonces preguntarnos qué es ahora más importante: preservar la existencia de la Turritopsis Nutricula o tener en nuestra mesa de noche uno que otro producto de cuidado facial que nos haga creer que cumplimos con los estándares de belleza establecidos por la estructura capitalista y por los que han determinado alrededor de la corporeidad un mercado global.
