Un Video, Una Acusación: Reflexiones sobre la Cultura de la Cancelación

Por Crismer Jinelly Figueroa

Era un día tranquilo en la universidad de Antioquia cuando una compañera de estudio se me acercó y me mostró un video que me dejó confundida. En las imágenes se veía a uno de nuestros compañeros de clases con las manos dentro de su pantalón. El video fue publicado por diferentes medios digitales. Un grupo de mujeres activas en dinámicas de violencias basadas en género de la universidad denunciaron públicamente, a través de escrache, este hecho que parecía un acto de acoso y que ocurrió en la biblioteca de artes de la Universidad.

Nilo es un joven tranquilo y hasta despistado, apasionado por la física, con muchas habilidades académicas. Decidí hablar con él sobre el video para buscar una explicación. Nilo me aclaró con naturalidad que tenía una fuerte alergia en todo el cuerpo y mostrándome sus brazos debajo de las mangas de su camisa, me explicó que esto lo llevaba a rascarse constantemente debido a la picazón. El video le fue tomado desprevenidamente y, lamentablemente, algunas mujeres que lo observaron mal interpretaron, pensaron, se imaginaron, supusieron y asumieron, basándose en sus propias experiencias y perspectivas, que el comportamiento de Nilo fue un acto de masturbación pública acompañado de miradas inapropiadas hacia las mujeres.

El video se difundió rápidamente, generando una cultura de cancelación hacia Nilo dentro de la Universidad. La gente comenzó a mirarlo con recelo y, en principio, algunos profesores cuestionaron la supuesta alergia. Las redes sociales sirvieron como plataforma para la rápida difusión de la información sin filtro, amplificando juicios sumarios y sin pruebas. Nilo, a pesar de que, según él, no se preocupa por las opiniones ajenas, se vio obligado a dar explicaciones y defenderse de las acusaciones por mi insistencia en que la situación era muy grave, y que podría llevarlo a ser suspendido de su trabajo como auxiliar en el almacén de física.

La cultura de la cancelación actuó como un tribunal paralelo, emitiendo un juicio sin un proceso justo o la oportunidad de defensa adecuada. Esta situación refleja una de las principales críticas a esta cultura, la cual, al no ser una institución formal, carece de mecanismos para garantizar el debido proceso y el derecho a la defensa, como lo establece el derecho penal.

Su manera de afrontar la situación ante los directivos de la universidad fue mostrar sin pudor su cuerpo, desnudándose y exponiendo la alergia que padecía para demostrar su inocencia. Nilo accedió a una consulta médica con urgencia, por medio de la afiliación al plan de salud de la universidad que gestionaron los administrativos, lo que permitió determinar la gravedad de su estado de salud. En efecto, lo incapacitaron por más de un mes porque la afección por escabiosis estaba a un nivel muy avanzado, en parte por una deshidratación crónica producida porque Nilo bajaba caminando todos los días desde el corregimiento de San Cristóbal hasta la universidad, y tomaba pocos líquidos.

El tratamiento con fuertes antibióticos tuvo buenos resultados. Cuando se sintió mejor, lo primero que hizo fue volver a la universidad y retomar los cursos del semestre, pero faltaban unas cuantas semanas para terminarlo, por lo que tenía poco tiempo para ponerse al día con tantas cosas; entonces acudió al programa de bienestar universitario para exponer el caso. Allí le otorgaron algunas garantías para sus actividades académicas y le recomendaron activar el programa de ruta violeta de la universidad para casos de violencia de género.

Justamente en 2023 la universidad y, en particular, las problemáticas de violencias basadas en género, sobre todo en el Instituto de Física, o más bien, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, trazaron un panorama complicado de paro estudiantil y visibilización. Parece que el mecanismo de la ruta violeta se ha dilatado, y desde entonces, no ha pasado nada más que un proceso y un archivo de papel que no resuelven la situación de Nilo y que no reparan el nombre del victimario que fue víctima.

A pesar de la evidencia médica que corroboraba su versión de los hechos, probablemente muchas personas continuaron viendo a Nilo como un acosador. Las experiencias previas y las perspectivas políticas pueden influir en la interpretación de una situación y distorsionar, a veces, la percepción de la realidad, llevando a juicios apresurados y a la estigmatización injusta.

El video del incidente, en lugar de ser utilizado para aclarar la situación o abordar a Nilo directamente, fue publicado y dedicado a denunciar un supuesto acoso sexual. La falta de diálogo y la condena pública sin pruebas dificultan la búsqueda de la verdad y la comprensión de la complejidad de las situaciones cotidianas. Así, terminamos envueltas y envueltos en una cultura que cancela al otro, que limita de entrada la libertad de expresión y fomenta la intolerancia hacia puntos de vista diferentes.

Es fundamental abordar las situaciones con cautela, buscando la verdad y evitando la propagación de rumores y acusaciones sin fundamento. Esto también plantea interrogantes sobre las acciones de ciertos grupos feministas y su enfoque en la denuncia pública sin investigación previa. Si bien el feminismo es un movimiento crucial para combatir la violencia de género, es fundamental actuar con responsabilidad y evitar caer en la cancelación sin pruebas. La condena pública basada en suposiciones, conduce a la injusticia y la estigmatización.

La era digital, por lo demás, nos demanda redoblar la responsabilidad. Las imágenes, especialmente los videos, adquieren un poder innegable. Su capacidad de capturar momentos y transmitir emociones de forma instantánea, les confiere una aparente autenticidad que puede influir en la percepción del público.

El video, como prueba irrefutable, se convierte en el detonante de la acusación y esta, a su vez, en la justificación de la cancelación,donde la presunción de inocencia se desvanece creando una narrativa que surge, en parte, como una reacción ante la percepción de injusticias y la falta de respuesta de las instituciones tradicionales.

Nilo, efectivamente, pasó horribles momentos a causa de esta situación que, por fortuna, ahora dice haber superado: “Los sentimientos de rechazo, de anulación o de bloqueo se han ido casi completamente de mi cabeza. He dejado de salir a la calle sintiéndome prevenido, he dejado de cerrarme a interactuar con la gente como en ese tiempo. La mayoría de esas heridas se han curado, al final de cuentas el tiempo puso las cosas en su lugar, y la persona que soy me volvió a llevar al lugar del que nunca debí haber salido”.

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