Por Otoniel Maiakovsky

«Sin titulo» – Victor Camilo Cuartas
“Mil noches caerán con sus alas oscuras,
sin destruir el día que esperan estos muertos….”
Siempre. Neruda, 1924.
Bajo los escombros arrojados por el poder yacen los restos de mis alumnas de flauta dulce de Belencito Corazón, en la Comuna 13.
Bajo esos escombros arrojados por la arrogancia empresarial yacen los restos de jóvenes a quienes El Maestro de Teatro Fredy «Muelas» enseñó a recrear su historia en Las Independencias, en la Comuna 13.
Bajo los escombros del turismo hipócrita están los restos de los alumnos de pintura de estudiantes de artes de la UdeA que enseñaban a jóvenes cómo poner vida en las paredes del barrio 20 de Julio, en la Comuna 13.
Capas de desechos arrojados con saña y alevosía sobre los cadáveres de quienes jugaran futbolito en la cancha del barrio, o simplemente se parcharon una mala tarde en la esquina de siempre, después del colegio…. adolescentes aun… para engrosar las cifras, una oferta engañosa que llamaron Plan Colombia…
Sobre aquellos cuerpos se han arrojado toneladas de impunidad… y aun así… Emergen sus espíritus para tormento de victimarios y cómplices de aquel «embrujo autoritario» durante el Gueto impuesto en la Operación Orión.
Ocurrió en esa Medellín ametrallada – la de techos de Zinc, la de panales aferrados a barrancas – ciudad ametrallada desde los pájaros artillados suministrados “generosamente” por la General Motors, la misma que luego exhibirían maquillada desde los vagones del cable aéreo del metro.
No descansan en paz los arrojados entre los escombros de la justicia. Tampoco los perpetradores…. les persigue la sombra oscura de la culpa.
A más de 15 metros de excavación aflora la verdad. En heroic@ tarea, forenses rescatan cada falange. Ahhhhhh …. una mano joven… mujer… revelan que la impunidad tiene fecha de vencimiento en un empaque de chucherías arrojado por un triste funcionario subcontratado para la muerte, el plástico de una botella bebida por un mercenario tercerizado, tal vez… evidencias de modo, tiempo y lugar… hablan hasta las basuras aquí… un trozo de soga revela su cobarde afrenta a la humanidad.
Violencia histórica del capital que arroja cifras, 6402 + 502, como los 3600 obreros asesinados en la escuela de Santa María de Iquique por orden de los explotadores del cobre en Chile, o los 3000 fusilados en las bananeras del Magdalena ordenada por la United Fruit Company, o los 6000 de la UP, crimen de Estado financiado con cada banano por la misma Chiquita Brand en Urabá, o los 40 masacrados en Segovia, o los niños de Pueblo Rico, los incinerados en los hornos de la frontera y los nunca contabilizados, “fumigados” en las esquinas de calles y barrios en asépticas operaciones de “limpieza social”… ¡cuántas órdenes más en esta historia de barbarie democrática!
Pero… quién dio la Orden, preguntan los muros de la ciudad…. 6402 + 502.
Con su torpe y cobarde afrenta, los grises funcionarios de oficina se develan, se delatan a sí mismos. A confesión de parte, relevo de pruebas, sentencia el juicio popular.
Las Cuchas Tienen La Razón…. Siempre la tuvieron, como las Madres de Soacha y las Abuelas de Plaza de Mayo, que gritaban ¿Dónde Están? y también las llamaban locas. Madres que escarban por instinto de su cruda sabiduría, con la certeza del hallazgo de los huesos humeros con botas al revés. Como la «Ciriri» de Fabiola Lalinde, para hallar a su hijo después de 12 años de sentir que allí estaban sus huesos.
Escombros arrojados sobre la memoria … memoria que resiste en la esperanza de La Madre buscadora de su ADN en algún cabello enredado entre aquellos escombros.
Pero la verdad aflora siempre luminosa para reivindicar los nombres de los ninguneados, para desgracia de los perpetradores.
Idiotas. Su extrema estupidez no les permite ver, no tienen idea de la fuerza de la verdad desatada, no podrán entender nunca el valor de la solidaridad, porque nunca conocieron el frío y la soledad, como las obreras textiles, los campesinos desterrados o las maestras de escuela…
Gracias juventud que grafitea y canta, por vuestra valentía.
No dejes nunca de pintar en las paredes, generación de estallidos de verdad en la propia cara de la ignominia.
Ciudad, Suelo adolorido. Ciudad, no todo es perdido, Aún te habita la dignidad y aún te habita la sonrisa; somos la amenaza que ríe, que llora, que canta … Y todo parece indicar que se han multiplicado los «Ciriri» por todos los territorios, poniendo multicolores las grises paredes del silencio.
“La lluvia empapará las piedras de la plaza,
pero no apagará vuestros nombres de fuego.”
Siempre. Neruda, 1924
