Por Álvaro Lopera

Foto: Tras la destrucción del hogar, la cueva es su nueva vivienda. Imagen tomada del documental.
Extrañamente, el documental palestino-israelí No hay otra tierra (No other land), que se filmó en el poblado Masafer Yatta, ganó el Oscar 2025. Es insólito porque en este trabajo de más de 4 años (2019-2023) se muestra detalladamente el proceso de colonización impulsado por el ejército y los colonos armados sionistas y el lento y resistido destierro de las poblaciones palestinas ubicadas en Cisjordania.
El documental tiene grandes méritos como lo es el uso de la cámara no para entrevistar expertos o académicos sino para mostrar sin tapujos el robo de tierras, la represión y la resistencia, posicionándola cuidadosamente al lado del pueblo palestino. Muestra incluso pasajes de reconstrucción nocturna de casas y de locales destruidos en el día con maquinaria y obreros sionistas, y la vida en las cuevas a donde se van a vivir quienes fueron expulsados de sus casas.
Los codirectores poéticamente nos muestran el paisaje desolado y, en parte, árido; la noche estrellada llena de miedos por el arribo inesperado del ejército sionista que encarcela sin cargos específicos a cualquier poblador que se le resista, y la noche del desarraigo, cuando fija el lente en el camión que lleva las pertenencias de las familias desplazadas y este desaparece lentamente en el oscuro horizonte, en viaje obligado a la zona urbana palestina.
Las imágenes del documental son la suma de todos los medios posibles: celulares, cámaras de fotografía devenidas en cámaras de video, y seguramente cámaras más modernas que captan el principal contenido cámara en mano; también viejas filmaciones de una cámara 8 mm para hacer flashbacks de recuerdos infantiles proclives a la historia contemporánea. Los codirectores Basel Adra (palestino) y Yuval Abraham (israelí) participaron como parte integral del documental con diálogos frescos y poco radicales, y esto se hizo novedosamente sin un guion artificial y sin posar ni explotar morbosamente la crisis, con muertos y heridos a bordo, que se desató cuando Masafer Yatta fue declarado zona de entrenamiento militar por el Tribunal de Justicia de Israel en 2022.
Fueron más de 20 años de lucha legal contra ese proyecto expansionista hasta que el tribunal falló en contra de los cerca de mil pobladores que vivían allí y que aún luchan sin descanso. En febrero y marzo de 2025, Amnistía Internacional y otros organismos reportaron que comunidades como Shib al Butum y otras nueve aldeas de Masafer Yatta enfrentan peligro inminente de desplazamiento, pero aún resisten en sus tierras ancestrales. Al final del documental se aclara que el fallo del tribunal que urgía la conversión del campo palestino en campo de tiro se apoyó en la visión sionista de limpieza étnica, pues el desarraigo se hizo, según documentos oficiales, con el ánimo de expulsar rápidamente a los pobladores e impedir el crecimiento de villorrios palestinos en los alrededores.
Es importante anotar que Masafer Yatta se encuentra en el Área C, al sur de Cisjordania.
Los Acuerdos de Oslo
En los Acuerdos de Oslo, terminados de firmar en 1995 entre Israel y la dirección de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), se acordó devolver Gaza a los palestinos y dividir a Cisjordania (5 655 kilómetros cuadrados) en tres áreas para coadministrarse, así:
Área A: Zonas bajo completa administración y seguridad palestinas, que incluían principalmente las principales ciudades palestinas (Yenín, Nablus, Tubas, Salfit, Ramallah, Jericó, Belén, Hebrón), las cuales cuentan actualmente con cerca del 16-18% del territorio cisjordano.
Área B: Territorios bajo administración civil palestina, pero con seguridad conjunta israelí-palestina, que abarcan la mayoría de los pueblos palestinos (20-22% del territorio).
Área C: Regiones bajo control administrativo y de seguridad israelíes, que constituyen aproximadamente el 63-65% de Cisjordania, incluyendo los ilegales asentamientos.
De estos Acuerdos nacería la actual Autoridad Nacional Palestina (ANP) dirigida con mano de hierro por Mahmud Abbas, que desde sus inicios ha actuado como un brazo del sionismo en Cisjordania.
Estos Acuerdos fueron catalogados desde siempre por la mayoría del pueblo palestino como una traición a los altos intereses de recuperar la Palestina histórica para su población originaria. Si se mira un mapa y se observa detalladamente las áreas que se aprobaron con la complacencia de la OLP, se concluye que es imposible que con una entidad expansionista y militarista que rodea la pequeña geografía se pueda establecer soberanamente un Estado palestino.
Realidad en los territorios ocupados tras el Oscar
El 25 de marzo de 2025, Hamdan Ballal, codirector del documental y además agricultor, fue atacado por colonos israelíes en su aldea de Susiya, ubicada en Masafer Yatta. Según testigos, alrededor de 15 colonos armados y enmascarados irrumpieron durante el iftar (ruptura del ayuno en Ramadán), destruyendo tanques de agua y propiedades palestinas. Ballal intentó filmar la agresión, pero fue interceptado por soldados israelíes que colaboraron con los colonos. Golpeado con puños metálicos fue llevado a una base militar en Kiryat Arba, donde permaneció 20 horas esposado, vendado y sometido a temperaturas glaciales. Su abogada, Leah Tzemel, denunció torturas físicas y psicológicas: «Escuchó a soldados burlarse de su premio Oscar mientras lo pateaban». El ejército sionista justificó su arresto alegando «lanzamiento de piedras contra fuerzas de seguridad», acusación rechazada por testigos estadounidenses del Center for Jewish Nonviolence.
Tras la presión internacional fue liberado el 26 de marzo. Contra él no se presentaron cargos formales, lo que sugiere una detención arbitraria vinculada a su activismo cinematográfico. Al recuperar la libertad, Ballal declaró: «Todo mi cuerpo duele; esto es el castigo por mostrar nuestra realidad».
Yuval Abraham, cineasta y periodista israelí, enfrentó amenazas de muerte tras ganar el Oso de Plata en el Festival de Berlín 2024. Su discurso criticando la «desigualdad jurídica» entre palestinos e israelíes —él vive en Jerusalén Este con libertad de movimiento, mientras Basel Adra necesita permisos militares— enfureció a grupos ultranacionalistas. Aunque no fue detenido, Abraham ha denunciado vigilancia constante y campañas de desprestigio en medios hebreos.
Basel Adra ha sido bloqueado en Cisjordania desde 2023, y no tiene permiso para viajar a recoger premios internacionales. El ejército ha demolido su casa tres veces, alegando «construcción ilegal». Por su parte, Rachel Szor, codirectora israelí, recibió críticas del Ministerio de Cultura sionista por «promover narrativas antiisraelíes», aunque no sufrió detenciones.
Cuando internacionalmente se acusó a Israel de violación de derechos humanos en los casos arriba expuestos, fría y cínicamente rechazó las críticas alegando «defensa contra el terrorismo».
Boicot del documental
El caso de No Other Land ejemplifica la estrategia sistemática de silenciar testimonios visuales sobre la ocupación y toda la filmografía palestina, así como su cultura. Según B’Tselem, en 2024 se documentaron 1.200 ataques de colonos apoyados tácitamente por soldados. El Ministerio de Cultura israelí emitió directivas para boicotear proyecciones del documental, tachándolo de «propaganda en tiempos de guerra».
El documental, por iniciativa del sionismo mundial, está vetado en Israel, Estados Unidos y en nuestro medio tampoco se impulsa. Por todo lo anterior tenemos que distribuirlo socialmente, esto es, persona a persona, comunidad a comunidad, discutiéndolo con todas las herramientas que el cine y la historia proveen para solidarizarnos eficazmente con el pueblo palestino y sus luchas de liberación anticolonial.
