El teatro está “alzado en almas”

Por Maribel García Restrepo

Teatro
Foto: corporacionacantaros.blogspot.com (Fractal Teatro)

El año 2016 saludó a la Cultura de Colombia con una reducción de más del 14% en su presupuesto anual; esto para un sector cuya participación en el presupuesto nacional había sido de apenas 0.2% en 2014 y 2015. El déficit fiscal fue la razón que esgrimió el gobierno para tal medida. El teatro fue uno de los más golpeados con la reducción presupuestal, pues “si la cultura es la cenicienta del presupuesto, el teatro es la escoba”, comentó Iván Zapata, director del Teatro Popular de Medellín, TPM, en una entrevista para una cadena radial nacional.


Salas “desconcertadas”

El apoyo estatal para las artes escénicas y, en particular, para el teatro, viene decreciendo con el tiempo y así lo confirma la convocatoria que se llevó a cabo para la adjudicación de apoyos a salas concertadas. Este programa, que lleva algo más de 20 años en el país, ha tenido como propósito apoyar las salas de artes escénicas, fortaleciendo el accionar de los grupos artísticos y posibilitando el acceso del público a los espectáculos. Cada año las organizaciones que requieren acceder a este presupuesto presentan un proyecto ante el Ministerio de Cultura, entidad que evalúa y otorga el apoyo económico a través de un sistema de puntos.

Este año el pliego de condiciones para la concertación de salas llegó con requisitos nuevos y de difícil cumplimiento, tal como lo dice Juan Carlos Talero Palacio, socio activo, actor y exdirector académico del Teatro Popular de Medellín. “Además de rebajar el apoyo económico año tras año, las exigencias y trámites burocráticos se incrementan, dejando por fuera a muchos participantes ante la imposibilidad de cumplirlos”.

Iván Zapata, director del TPM, denunciaba en un video colgado en redes sociales por qué las salas de teatro de Medellín están “desconcertadas” y se han “Alzado en Almas”, manifestando su inconformidad por el tipo de convocatoria de salas concertadas de 2016. Iván comentaba en el video que, por ejemplo, “hay un puntaje para las salas que tengan parqueadero” y a muchas salas se les imposibilita cumplir este requisito. “Este año saldrían más de 55 salas, que son cerca del 50% de las que se presentan a la convocatoria en todo el país”, debido al sistema de puntuación adoptado, el cual tiende a disminuir las opciones de algunas de ellas.

Según Juan Carlos, desde hace 20 años la concertación ha sido bastante difícil, no solo por el tema de los requisitos y por la pequeña cantidad de dinero que se otorga, sino también por las destinaciones que se exigen en el gasto del mismo. “El presupuesto para este año puede oscilar entre 16 y 20 millones de pesos por sala. Sin embargo, la sala de teatro nuestra tiene un presupuesto anual de funcionamiento de 270 millones, lo que hace que el apoyo del Ministerio sea insignificante. Por otra parte, tenemos que contar con que deben gastarse unos 5 millones para hacerle publicidad al programa”.

Asignación desigual del presupuesto

Foto: mincultura.gov.co (Teatro Colón)

Sin embargo, no en todos los casos el presupuesto ha bajado. El Teatro Colón de Bogotá, sometido a procesos de restauración, ha recibido en los últimos 5 años un presupuesto cercano a los 30.000 millones de pesos, según lo presentado en la página web del Ministerio; aunque hay fuentes que hablan de 50.000 millones.

Por otro lado, el presupuesto para el Festival Iberoamericano de 2016 fue de 31.000 millones, de los cuales, según Ana Marta de Pizarro, directora del Festival, “entre el 12% y 18% lo aportan el Gobierno Nacional y el Gobierno de la ciudad (Bogotá). Esto quiere decir que el Estado aporta entre 3.720 millones y 5.580 millones de pesos para el desarrollo de este solo evento. La diferencia es enorme con respecto al presupuesto de salas concertadas, que este año solo llega a 2.600 millones de pesos para repartirlos en todo el país.

Catalina Murillo, del Pequeño Teatro, denunció en un canal regional esta situación de disparidad en el otorgamiento del presupuesto para las diferentes salas y eventos de teatro del país y habló de lo poco que significa esta ayuda para su subsistencia: “Si nos presentamos a la convocatoria las mismas 114 salas del año anterior, en promedio nos corresponderían 22 millones de pesos a cada una. ¿Será que esta casa, con lo bella y maravillosa que es podría funcionar todo un año con ese presupuesto?”.

Falta de interés por el teatro

¿Qué pierde la ciudad cuando se cierra una sala de teatro? Juan Carlos Talero reflexionó sobre esta cuestión, planteando que “la sala que más recientemente desapareció en Medellín fue Fractal Teatro, con estéticas nuevas e interesantes y muy buen lenguaje poético. Esto lo perdió la ciudad. A la ciudad poco le ha importado que sus salas de cine se vuelvan iglesias y que sus librerías se conviertan en tiendas de cachivaches, pero a mí como ciudadano sí me duele. El teatro ha contribuido a la recuperación del Centro y de la avenida de la Playa como espacio vital de congregación”. Esto sin mencionar zonas como El Palo, Girardot, las Torres de Bomboná, donde se reúnen muchas salas de la ciudad, aumentando la oferta de espectáculos y miradas estéticas.

“Cuando una sala de teatro desaparece perdemos la oportunidad no solo de divertirnos, sino también de reflexionar, la posibilidad de tener otros espacios distintos a casinos, discotecas, placas deportivas, etc. La mayoría de nuestros niños y jóvenes no conocen una sala de teatro y, cuando lo hacen, esto los convoca y genera en ellos una atracción, porque ese momento de magia que hay entre espectador y actor es único e irrepetible”.

Sin embargo, “de la misma manera en que estas convocatorias descalifican a los grupos y salas del país, los ciudadanos descalifican el trabajo del actor y eso es lo más complicado”, explica Talero, haciendo alusión a la falta de reconocimiento de la profesión del actor de teatro.

Juan Carlos se lamenta de la precariedad en la que se desarrolla la actividad artística en el país. “La mayoría de las compañías de teatro no pagan a sus actores y los gastos de funcionamiento no son cubiertos por subsidios. Esto ha provocado la desaparición de muchas salas. Como Fractal Teatro, pero también el Teatro El Fisgón y Teatro de Seda, que desaparecieron en la última década, privando a la ciudad de sus estéticas”. Aunque estos hechos no tienen quizás una relación directa con el caso del programa de Salas Concertadas, Juan Carlos asegura que son una muestra de esa difícil situación que viven los actores de teatro.

Por otra parte, algunos grupos se han movilizado hacia zonas periféricas y barrios de la ciudad y allí su trabajo se ha concentrado en acercar a los vecinos a este arte. Muchos de ellos son jóvenes y niños que encuentran una opción para su formación personal y profesional. Estos grupos también deben hacerle frente a la poca afluencia de público y al poco presupuesto disponible para el montaje de sus propuestas teatrales y dependen para ello de ayudas del presupuesto local, a las que acceden a través de concursos y estímulos promovidos por la Alcaldía. Tal es el caso de Teatro Hora 25 en Barrio Cristóbal, Nuestra Gente en Santa Cruz, el Teatrico en Laureles, la Corporación Siruma en Villa Hermosa, Fanfarria de Muñecos en La América, Arlequín y los Juglares en Las Palmas, Canchimalos en La Floresta, por mencionar solo algunos de los que se empeñan, a pesar de la  adversidad, en desarrollar habilidades artísticas, sociales y afectivas a través del teatro en el entorno barrial.

El esfuerzo de los artistas no está siendo reconocido ni por el gobierno ni por los ciudadanos de la manera como debiera. “Esto es lo que generó que hoy las salas estemos desconcertadas y ‘Alzadas en Almas’ y que muchas de ellas, de Medellín y de otras ciudades como Cali y Bogotá y también de departamentos como el Amazonas, nos hallamos pronunciado frente a este atropello”, dice Juan Carlos. A esta protesta se han unido otras tantas salas como: Acción Impro, Casa del Teatro, Imagineiros, El Teatrico, Teatro Pablo Tobón Uribe, La Casa de Crisanto, Elemental Teatro, Oficina Central de los Sueños y Varasanta de Bogotá. El propósito es que el programa de salas concertadas continúe apoyando, como es debido, a las salas para que, en vez de desaparecer, se fortalezcan y brinden más opciones a todos los grupos nuevos y con experiencia.

¿Qué se ha logrado?

De esta protesta y de la gestión cultural hecha por los voceros de las artes escénicas, se logró que el Ministerio de Cultura revisara y cambiara algunas de las condiciones del pliego, extendiendo la fecha de presentación de propuestas para salas concertadas. Sin embargo, el problema de fondo, la desfinanciación continua del arte y la cultura, en especial del teatro, es un tema que no se ha resuelto.

“Es un atentado a todos -dice Juan Carlos-. No puedo simplemente hacerme el de la vista gorda. Y aunque el movimiento teatral a veces es muy disperso, esta situación nos ha ayudado a fortalecernos como gremio”. Este fortalecimiento también lo ha logrado la organización Medellín en Escena, que funciona como asociación de salas de artes escénicas y mesa de trabajo permanente, a través de la cual se ha desarrollado La Fiesta de las Artes Escénicas como una opción fundamental para la divulgación de las obras de los grupos de la Ciudad y de los visitantes. Ofrece, además, servicios de cartelera y edita mensualmente un periódico virtual donde se desarrollan temas de interés para el gremio. Así que, a pesar de las dificultades impuestas por la restricción del presupuesto, la gestión cultural se ha ido fortaleciendo en Medellín.

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