La lucha de los trabajadores del Sena

Por Rubén Darío Zapata

Foto: Sindesena
Foto: Sindesena

El pasado 19 de octubre al fin se firmó un acuerdo entre la dirección nacional del Sena y el Sindicato de Empleados de la Institución- Sindesena. Esto ocurrió tras más de un mes de cese de actividades por parte de los trabajadores, y tras varias reuniones de negociación en las que mediaron, entre otros, el Senador Alexander López y Antonio Navarro Wolf. Las protestas se originaron por el incumplimiento de parte del Sena de los acuerdos firmados por la entidad el año pasado, en el marco de la negociación del pliego presentado por la organización sindical.

Esta vez la dirección general del Sena refrendó, entre otros, su compro- miso de vincular a la planta de personal a 3 mil contratistas (de entre los 34 mil que tiene la institución) durante los próximos tres años; otros 800 serán contratados con la figura de provisionalidad (con todas las prestaciones sociales) durante dos años, al cabo de los cuales deberá vincularlos a la planta. También se comprometió con un incremento salarial de 6.5% (lo acordado en la negociación del pliego era el 10%) y  a convocar una reunión de los Comités Paritarios de Salud y Seguridad en el Trabajo (COPASST), que por ley son los encargados para diseñar mecanismos y estrategias que garanticen la seguridad y la salud de trabajadores y aprendices en sus lugares de trabajo. Estos comités deberán presentar informes mensuales que den cuenta de los avances en la implementación de dichas estrategias.

“Nosotros sentimos esta negociación como un triunfo del sindicato y de los estudiantes- dice Nicolás Zapata, presidente de Sindesena Antioquia-, pero sabemos también que es apenas un primer paso en la lucha por frenar la privatización silenciosa que está sufriendo el Sena y el cambio de su función como formadora para el trabajo”.

Estrategias de privatización

Según escribe Jairo Giraldo, en su libro Lo que pasó en el Sena, la arremetida privatizadora contra la institución empezó a principios de los 90 en el marco de la “supuesta modernización del Estado”. La ley 119 de 1994 fue la que abrió las puertas del Sena para su privatización, bajo el sofisma de modernización. “La conformación de los Comités Técnicos de Centros y sus Funciones denota claramente el cambio radical  de los Centros de Formación… dichos comités tienen que ver con la Administración, Planes, Presupuestos, Programas, Metodología, Dotaciones, etc”. En todo esto tienen que ver mucho los empresarios, según Jairo, pues son una gran pro- porción en la conformación de dichos comités.

Por otro lado, esta ley dio los primeros pasos para el desmonte de los contratos de aprendizaje, golpeando duramente a los estudiantes más pobres. Antes, los aprendices del Sena ingresaban a la institución con el patrocinio de alguna empresa bajo la figura de contrato de aprendizaje, que tenía las mismas características de contrato laboral; además tenía garantizado su lugar de prácticas y la vinculación a la empresa una vez terminara su formación. Eso es hoy, según Nicolás, solo historia. “En este momento, la mayoría de aprendices en el Sena están sin contrato de aprendizaje, prácticamente por su cuenta”.

El artículo 42 de la ley proponía una modernización de la planta de empleados a través de procesos de recalificación, reubicación y reconversión de los trabajadores vinculados en función de la nueva estructura. “(Así) en el 2005 -escribe Jairo-, ocurrió una masacre laboral, cuando fueron despedidos 600 trabajadores (as) aproximadamente porque no encajaban en la nueva planta de personal… (después) comenzó un proceso desaforado para vincular contratistas, hasta el punto de que su número sobrepasa en un gran porcentaje al de los trabajadores de planta de personal”.

Las pretensiones del Ministerio de Educación

“Nosotros -cuenta Nicolás- por norma estamos adscritos al Ministerio del Trabajo. Y eso tiene una explicación: la misión del Sena es combatir el desempleo. Si monta un curso de mecánico en control numérico computarizado es porque las empresas lo están pidiendo”. Pero poco a poco, dice Nicolás, el Sena ha ido quedando a cargo del Ministerio de Educación, lo que es nefasto para la institución y para las comunidades que se benefician de ella.

“Hoy, por ejemplo, el Sena ofrece entre sus programas una proporción muy grande de tecnologías, y estas, por ley, requieren registro calificado del Ministerio de Educación”. Esto, según Sindesena, tiene que ver con las pretensiones de mostrar a nivel internacional grandes indicadores de cobertura y calidad en educación superior. Así el Ministerio de Educación está utilizando al Sena como su caballito de batalla. “Si uno revisa bien todas las instituciones educativas del Estado, no encuentra una que tenga la presencia y la infraestructura que tiene el Sena. La Universidad Nacional tiene sede en 7 u 8 ciudades del país, mientras el Sena tiene en todos los municipios, en veredas, en caseríos, en todas las capitales de departamentos y con muy buena infraestructura. Por eso es tan apetecible para la ampliación de cobertura”.

Eso coincide, además, con un proceso de desfinanciación del Sena; primero con la reducción del presupuesto que el Estado le destina y ahora con la eliminación de los parafiscales que pagaban las empresas por trabajador y que eran un respiro para la institución. Precisamente la reforma tributaria que acaba de presentar el gobierno ante el Congreso contempla la posibilidad de eliminar el Impuesto de Renta para la Equidad, un impuesto de destinación específica que llegaba al Sena. Para hacerle frente a esta situación, el Sena se ha concentrado en programas de servicios, donde se requiere muy poco material e infraestructura, muy poca inversión, tales como “salud ocupacional, computadores, secretariado, diseño, tecnología en formulación de proyectos o en TICS, etc”.

Lo peor es que esta presión por la ampliación de cobertura para que el Ministerio de Educación pueda mostrar cifras, ha obligado al Sena a subcontratar la formación de técnicos y tecnólogos con otras instituciones. “Hoy, por ejemplo -cuenta Nicolás-, le estamos entregando la formación a instituciones privadas y casi de garaje como la Remington, el Salazar y Herrera, el Censa, entre otros. Y todo sin que el Sena tenga la capacidad o la voluntad de comprobar la calidad de dicha formación”. Eso es lo que hace conscientes a los trabajadores de que el proceso de privatización y precarización de la formación y el trabajo en el Sena camina a pasos grandes. “Pero hoy sabemos también -afirma Nicolás- que la movilización organizada y el trabajo político paciente rinden sus frutos”.

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